LA PIEL Y EL SOL: ALIADOS Y ENEMIGOS

sol.jpgPor: Rosa María Canas
La importancia del sol para nuestra subsistencia es indiscutible, sus rayos nos aportan vitalidad, energía, son fuente de vitaminas y tienen propiedades terapéuticas así como una potente acción antiestrés, tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. Sin embargo, como ocurre en cualquier ámbito de la vida, el sol debe tomarse en su justa medida y más en las épocas en que se encuentra en su máximo esplendor puesto que un exceso de radiaciones solares o una exposición inadecuada a ellas puede convertir a nuestro vital aliado en nuestro peor enemigo.
Probablemente a todos nos gusta lucir un bonito bronceado pero hay que tener en cuenta que conviene observar ciertas precauciones a la hora de tomar el sol ya que sus rayos ultravioleta son los responsables del llamado fotoenvejecimiento de la piel, es decir, de la aparición en ella de una serie de cambios, tales como síntomas de deshidratación, arrugas y manchas y, en el peor de los casos, mutación del material genético celular lo que inducirá al cáncer cutáneo.
Aunque a primera vista esa “funda” que nos protege parece la misma no todas las pieles son iguales y por tanto no todas necesitan el mismo tipo de protección. Existe una clara diferencia entre las pieles más oscuras y las más claras y si bien estas últimas son más sensibles a la acción solar no significa que las personas más morenas, que tienen más cantidad de melanina natural, no tengan riesgo de padecer los perjuicios de los rayos UVA.
Existen cuatro tipos de piel a las que denominamos fototipos
El fototipo 1 es aquella piel muy clara y que por lo general no suele broncearse sino que se quema con facilidad. Estas personas deberían evitar no sólo exponerse directamente al sol sino también a su reflejo y en caso de estar al aire libre deberían aplicarse una protección máxima, sobre 60,  con los productos llamados “pantalla”. Aunque no todos los niños tienen este tipo de piel si que podrían incluirse en este grupo en cuanto a que forman un colectivo, sobretodo los menores de los 3 años, que requiere el máximo de prevención y cuidados.

Un exceso de radiaciones solares o una exposición inadecuada a ellas puede convertir a nuestro vital aliado en nuestro peor enemigo

El fototipo 2, por su parte, es también un tipo de piel clara pero distinta del anterior puesto que si bien en un principio se quema luego consigue un ligero bronceado. En este caso el factor de protección ha de ser de bastante alto, mínimo de 40.
Por lo que respecta al fototipo 3 corresponde a aquellas pieles que podríamos llamar “doradas”; en alguna ocasión se queman pero suelen broncearse de forma progresiva por lo que con un factor de protección medio, sobre 20, suele bastarles.
Finalmente las personas que pertenecen al fototipo 4 son de piel morena, se broncean fácilmente y no suelen sufrir quemaduras solares. Aunque menos sensibles que las anteriores no deben olvidar que la abundante melanina que hay en su piel las protege de los rayos ultravioleta tipo B pero no lo hace de los del tipo A por lo que necesitan, al igual que los demás, defenderse desde las primeras exposiciones al sol. Para ello se les recomienda un factor medio, en torno al 15.

Aunque a primera vista la funda que nos protege parece la misma,  no todas las pieles son iguales y por tanto no todas necesitan el mismo tipo de protección

Si bien las cremas y productos de protección solar aumentan el tiempo de tolerancia de nuestra piel a los rayos del astro rey, disminuyendo así sus efectos dañinos, no los anulan en su totalidad y es por ello que conviene tomar otras precauciones, tales como:
• Hay que aplicar el protector solar como mínimo media hora antes de exponerse al sol, repitiendo la operación cada dos horas o después de cada baño sin olvidar que el agua, la arena y la nieve reflejan en más del 80% los rayos ultravioletas. Así mismo, conviene evitar la exposición directa al sol entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, franja horaria en que estos rayos están en máximo apogeo y recordar que aunque el día esté nublado la radiación solar persiste.
• Es aconsejable cubrirse la cabeza, utilizar gafas de sol y no olvidar la protección labial, por ejemplo con un bálsamo. Por su parte, las personas cuya piel sufre erupciones, picores u otro tipo de reacción dermatológica deberían evitar exponerse al sol, en la medida de lo posible.
• Para tomar el sol con precaución la piel ha de estar limpia y se le aplicará solo el filtro protector. Los cosméticos y perfumes pueden producir en contacto con la luz solar un efecto fototóxico lo que provocará la aparición de manchas cutáneas.
• La hidratación de la piel y del organismo es vital. Por ello conviene beber mucha agua para la hidratación interna y aplicar una crema hidratante después de limpiar la piel expuesta al sol para su cuidado externo.

Si deseas escribir o preguntar a Rosa M. Canas: puedes hacerlo al correo [email protected]

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