La tecnología médica actual enfrenta a padres y especialistas, a la disyuntiva de dar a un hijo una muerte digna o prolongar su dolor

Graham Green, escritor británico, decía que hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro. Sin embargo, algunos padres, y médicos, deben renunciar a ese anhelo y decidir si desean que su hijo gravemente enfermo sea mantenido con vida a toda costa, aunque eso signifique sufrimiento; o bien, otorgarle cuidados que le hagan pasar sus últimos días sin dolor.

A fin de otorgar puntos de referencia para la mejor decisión sobre el momento en que debe continuar o declinar la atención médica en enfermedades mortales o de mal pronóstico surgió la bioética, ciencia que en el ámbito médico, busca proteger la dignidad y calidad de vida del paciente, expuso Jorge Luis Hernández Arriaga, pediatra nenonatólogo.

En el caso de la neonatología esta ciencia se aplica hace poco más de una década, pues el desarrollo médico-tecnológico puede mantener con vida a niños que en años anteriores hubieran fallecido debido a incubadoras, ventiladores mecánicos, conocimientos de fisiología y nuevos fármacos, indicó el también ex director del Centro de Investigaciones en Bioética de la Universidad de Guanajuato.

Un ejemplo habitual, indicó Hernández Arriaga, son los niños prematuros de mal pronóstico, donde progenitores y especialistas enfrentan la decisión de si debe mantener con vida, a través de máquinas y la inyección de fluidos; o bien, procurarle sólo cuidados que disminuyan su sufrimiento hasta su fallecimiento. A tales interrogantes busca dar respuesta la bioética neonatal y pediátrica, encontrar un punto medio entre un extremo que provee tratamientos a toda costa con un resultado fútil y el que propone no hacer nada, como la eutanasia”.

Y es que a decir de Rolando Limón Arce, integrante de la Sección de Medicina Perinatal de la Academia Americana de Pediatría, se estima que cerca de 30% de los fallecimientos en las unidades neonatales, se dan por la decisión de médicos y familiares de suspender los soportes vitales, porque se llega a la conclusión de que continuar el tratamiento es inútil.

Dichos escenarios son cada vez más frecuentes en el país, de ahí la importancia de alentar en el país la creación de comités de bioética y el fortalecimiento de los que ya existen, apuntó Hernández Arriaga.

Casos frecuentes

Las situaciones que comúnmente someten a dilemas éticos a padres y médicos son los infantes nacidos a las 24 semanas o antes o con un peso de 500 gramos o menos. También figuran los niños con malformaciones congénitas severas como son las trisomías 13, 15 y 18; de igual modo figuran los problemas cardiacos, por ejemplo, la acardía (ausencia de corazón) y anormalidades en el sistema nervioso central como la falta de cerebro.

Los niños con cualquiera de esos padecimientos generalmente viven pocos días y el posible tratamiento ofrece poca o ninguna mejoría, de allí que habitualmente se consideran pacientes aptos para ser atendidos a base de cuidados paliativos la cual incluyen uso de fármacos, alimentación y terapia sicológica a fin de disminuir el sufrimiento del paciente y sus familiares.

En ocasiones el médico comete el error de involucrarse de manera personal con su paciente y hace todo por sacarlo adelante y ejecuta una serie de procedimientos y estrategias que sólo prolongan el sufrimiento, expuso Limón Arce, ex presidente de la Asociación de Médicos Neonatólogos del Valle de México.

Como parte de los protocolos de tratamiento se desarrolló del concepto de atención integral del recién nacido de alto riesgo, donde el equipo de enfermería juega un rol importante debido a que también está encargado de luchar por la sobrevida del neonato, destacó el libro Estructura de la atención a cuidados neonatales, publicado por el Instituto Nacional de Perinatología.

Hernández Arriaga indicó que el cuerpo médico debe tener hacia los padres una actitud compasiva y ofrecerles un lugar específico para dar informes: sentados, tranquilos, sin ruidos. Los sistemas médicos deben dar oportunidad a que el infante muera en casa en compañía de su familia.

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