Los hoteles cápsula de Japón están de moda y no son aptos para claustrofóbicos

Pequeños, sin ventanas, como una de esas cabinas que aparecen en las naves espaciales.

En un país con una altísima concentración demográfica en torno a los núcleos urbanos y donde la evidente limitación de espacio es un factor presente en todas las construcciones, el hotel cápsula representa la máxima expresión de la diferente concepción espacial japonesa, además de constituir un ejemplo muy elocuente de especial idiosincrasia de su sociedad, donde el pragmatismo y la sumisión del individuo al colectivo marcan invariablemente la forma de vida.

Este tipo de edificación sería difícilmente asumida por nuestros cánones occidentales. Principalmente porque la ecuación lujo=espacio es mayoritariamente aceptada por todos nosotros. Pero además porque el hecho que verse confinado a un espacio parecido a un nicho, en uno de estos hoteles-colmena, representaría una suerte de atentado contra nuestra individualidad.

Aparte de algún turista occidental de presupuesto reducido o ávido de nuevas experiencias, los usuarios mayoritarios de este tipo de alojamiento son los ‘salaryman’ (término utilizado en Japón para designar a los ejecutivos de bajo rango) que por algún motivo no pueden, o no quieren, llegar a su hogar tras otra interminable jornada de trabajo.

Entre los que no pudieron elegir se encuentran principalmente aquéllos que no llegaron al metro antes de la hora de cierre. Las distancias en Tokio (donde se concentran la mayoría de este tipo de establecimientos) son kilométricas, lo que unido al prohibitivo precio de los taxis hacen del subterráneo el único medio de desplazamiento interurbano posible.

Entre aquéllos otros que eligieron voluntariamente esta alternativa para pernoctar, podemos encontrar en una proporción considerable trabajadores demasiado bebidos como para afrontar un largo retorno a casa, que evitan de esta forma la necesidad de dar explicaciones al respectivo cónyuge; pero también habitan desempleados que alquilan el espacio por periodos prolongados, ya sea porque no disponen de los recursos suficientes para pagar un alquiler convencional o porque han perdido su trabajo recientemente y no quieren afrontar semejante escarnio ante su familia. Este último caso ejemplifica algunos de los rasgos característicos de la cultura japonesa, como son el orgullo, la poca tolerancia al fracaso y un cierto machismo residual en la estructura familiar y en el ámbito profesional.

También en Londres

En el edificio del Trocadero, en Londres, se inaugurará en breve uno de estos hoteles estilo japonés, que quizá así comiencen una nueva expansión en la Europa en crisis.

 

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