Los neandertales, que se extinguieron hace 28.000 años tenían la misma variación genética del ser humano que permite degustar lo amargo

090812142825_neandertal226×283-spla.jpg¿Percibe usted los sabores amargos? Si la respuesta es sí, entonces comparte esa capacidad con el 75% de la población.
Si no, no se preocupe: una de cada cuatro personas tiene dificultades para percibir estos sabores, o no los siente en absoluto.
Y esta excepción no es nueva. Una reciente investigación revela que los neandertales, que se extinguieron hace 28.000 años, tenían la misma variación genética del ser humano que permite degustar lo amargo.
Esto gracias al análisis de ADN de huesos de estos ancestros de 48.000 años de antigüedad y que muestran que ya tenían el elemento genético que determina la percepción de este sabor.
El descubrimiento indica que esta variación genética es previa a la separación evolutiva que hubo entre el hombre de Neandertal y los humanos modernos.
El estudio fue realizado por científicos del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona y publicado en la revista Biology Letters (Letras de Biología).
El Dr. Carles Lalueza-Fox, autor del estudio, dijo que «el no percibir ciertos sabores no es algo exclusivo del hombre moderno. Ya existía hace al menos medio millón de años».
El gen TAS2R38 codifica una proteína ubicada en los receptores del gusto en la lengua y permite sentir sabores amargos.
Las personas que no perciben este sabor tienen una variante recesiva de ese gen, lo que provoca un cambio en los aminoácidos y, por lo tanto, impide «leer» este sabor.
Los investigadores extrajeron este gen recesivo de una muestra ósea hallada en El Sidrón, en el norte de España, lo amplificaron y secuenciaron.
El químico presente en alimentos amargos -como brócoli, pomelo o repollitos de Bruselas y algunas plantas venenosas- se llama PTC. Su detección permite evitar el consumo de plantas tóxicas.
Sin embargo, los científicos señalan que el hecho de que la variante recesiva del gen haya sobrevivido hasta hoy significa que tiene que haber alguna ventaja genética en no poder percibir sabores amargos.

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