Los países ricos deben frenar su crecimiento para evitar el aumento de las temperaturas por encima de los 2ºC

Crecer económicamente y frenar el cambio climático son dos propuestas totalmente incompatibles.

Ésta es la conclusión de un informe presentado por un centro de investigación en el Reino Unido, que sostiene que los países ricos deben poner fin a su crecimiento económico para evitar que las temperaturas globales aumenten por encima de los 2ºC, límite que se acordó recientemente en Copenhague, para impedir consecuencias climáticas desastrosas.

En opinión de la New Economics Foundation (NEF, por sus siglas en inglés), para tratar de reducir las emisiones de CO2 tal y como recomiendan los científicos, hace falta una transformación industrial de tal magnitud que, no sólo no tiene precedentes, sino que es prácticamente imposible.

«Si analizamos las últimas tendencias en el mejoramiento de la economía global, desde el punto de vista de la cantidad de combustibles fósiles que se consumen para generar crecimiento, necesitaríamos mejorar esto radicalmente (…) y hay un límite a la eficiencia de cualquier sistema», dijo Andrew Simms, Director de Políticas de la NEF y coautor del informe.

«El crecimiento continuo está empujando a la biósfera del planeta más allá de los límites que son seguros», señaló Simms. Y este crecimiento «pone en riesgo la seguridad alimentaria, el bienestar social, el clima del planeta y la estabilidad económica».

Ahora, dice el experto, es necesario vivir de acuerdo a nuestro «presupuesto ambiental» y repensar cómo satisfacer nuestras necesidades básicas.

Pero en medio de la crisis económica que atraviesa la gran mayoría de las economías, ¿a quién puede interesarle el crecimiento cero?

Según Simms, debemos aprender las lecciones de la crisis: vivir con más de lo que se tiene conlleva sus riesgos, riesgos que el planeta no está en capacidad afrontar.

Por otra parte, la clave está no sólo en modificar el estilo de vida en los países ricos sino en cambiar los parámetros con los cuales se mide el éxito o el fracaso de la economía de una nación.

«El hecho de que la economía crezca en tamaño no nos dice nada sobre la calidad de la actividad económica, porque el Producto Interno Bruto (PIB) no distingue entre el dinero que se gasta en combatir la delincuencia o la contaminación o el que se emplea en la construcción de escuelas u hospitales», explicó el experto.

«Hemos estado obsesionados con los parámetros de medición equivocados», agregó.

El reporte deja por fuera a los países en desarrollo. Allí el crecimiento está permitido.

«La situación es muy distinta en los países en desarrollo porque allí existe una relación estrecha entre la calidad de vida, la salud, la expectativa de vida y el aumento de los ingresos».

«Pero la responsabilidad para hacer lugar a que puedan desarrollarse», concluye Simms, «es de los países industrializados».

La conclusión del informe de la NEF -que ubica en polos opuestos crecimiento y salud ambiental- encuentra eco también en un libro publicado recientemente en el Reino Unido.

«Prosperidad sin crecimiento: Economía para un planeta finito», de Tim Jackson, cuestiona el valor del crecimiento a cualquier costo y la idea de que es posible divorciar el crecimiento del PIB del uso de los recursos a través de una explotación más eficiente, una idea intrínseca del capitalismo.

Para Jackson esta separación es imposible: cuanto más crece el PIB más aumenta la emisión de gases con efecto invernadero y por ende, el calentamiento global.

Las soluciones que plantea este autor son la búsqueda de la prosperidad fuera de las normas que dicta la sociedad de consumo.

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