Lunas como la de la Tierra -formadas en colisiones violentísimas- son extremadamente raras en el Universo

_44255857_moonbody2.jpgLa Luna se creó cuando un objeto del tamaño de Marte se estrelló contra la Tierra hace miles de millones de años.
El impacto puso en órbita varios fragmentos, algunos de los cuales se consolidaron eventualmente y formaron la Luna.
Según la revista Astrophysical Journal, sólo entre cinco y diez por ciento de los sistemas planetarios del Universo tienen lunas con orígenes similares. 
«Cuando se forma una luna como consecuencia de una colisión violenta, queda polvo en todas partes», explicó la autora principal del estudio, Nadya Gorlova, de la Universidad de Florida en Gainesville.
«Si se estuvieran formando muchas lunas habríamos visto polvo alrededor de muchas estrellas, pero no hemos visto nada», señaló.
La doctora Gorlova y sus colegas usaron el telescopio espacial Spitzer de la NASA -que usa rayos infrarrojos- para buscar polvo que indicara colisiones similares en cerca de 400 estrellas formadas hace unos 30 millones de años, la edad aproximada del Sol cuando se formó la Luna.
Los planetas rocosos se forman de una especie de pasta de desechos y polvo que rodean a estrellas jóvenes, y crecen gradualmente en otros choques que arrojan grandes cantidades de polvo.
Los astrónomos piensan que este proceso dura entre 10 y 50 millones de años después de que se forma una estrella. Es común encontrar polvo girando alrededor de estrellas en la etapa más joven de este tipo.
Pero cuando se formó la Luna el Sol tenía 30 millones de años y el proceso de formación de planetas del Sistema Solar debía estar llegando a su fin.
En el estudio más reciente, el equipo de la doctora Gorlova buscó la huella térmica de las estrellas en el espectro infrarrojo, que permite a los astrónomos calcular la cantidad de calor que emite la estrella y la cantidad de calor que se «refleja» en el polvo que la rodea.
«Descubrimos entre dos y cuatro objetos, pero sólo uno presenta todas las características de una colisión lunar. El polvo tiene la temperatura precisa y está a la distancia precisa», dijo la doctora Gorlova.
Tomando en cuenta el tiempo que el polvo debe permanecer alrededor de un cuerpo celeste, y la edad que los cuerpos pueden haber tenido cuando se produjeron colisiones parecidas, el equipo calculó que lunas como la nuestra deben formarse en sólo cinco o diez por ciento de los sistemas planetarios.
«No sabemos si la colisión que vimos alrededor de una estrella se va a convertir definitivamente en una luna, así que los eventos en se forman las lunas podrían ser mucho menos frecuente que lo que sugieren nuestros cálculos», explicó el doctor George Rieke, coautor del estudio y catedrático de la Universidad de Arizona en Tucson.
Pero Scott J Kanyon, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard y estudioso de la formación y la evolución de estrellas y planetas, es cauto a la hora de plantear conclusiones.
«Lo que estamos viendo es que la cantidad de desechos no se ajusta a la teoría», dijo.
«Vemos los desechos que esperamos ver, pero no se comporta como quisiéramos. Deberíamos ver más desechos en torno a estrellas más jóvenes, pero estamos viendo más desechos en torno a estrellas más viejas», indicó el doctor Kenyon.
Kenyon citó un estudio de Joseph Rhee, de la Universidad de California en Los Ángeles, y otros colegas que descubrieron dos estrellas de 100 millones y 400 millones de años rodeadas de partículas de polvo tibio.

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