Milán: donde la elegancia se transforma en ciudad

Vista panorámica de la impresionante Piazza del Duomo, una de las más icónicas de la urbe

La ciudad italiana es la meca de sofisticación y de la pasión por la moda

Viajar a Milán es, sin duda, una acertada elección si lo que se quiere es visitar una ciudad cosmopolita y sofisticada. En esta urbe, la historia y la cultura se han fusionado con la moda y la industria, y cada rincón sorprende y seduce con una singular y soberbia arquitectura que aúna construcciones centenarias con imponentes rascacielos. Conocida como la capital mundial de la moda y el diseño, toda ella está envuelta en un misterioso halo de elegancia: sus bellos monumentos, sus edificios futuristas, sus museos, sus parques urbanos… No es, ni mucho menos, fría y gris como la describen algunos, sino ecléctica en todos los sentidos, además de muy acogedora.

Cosmopolita, ecléctico y fascinante, así es el centro de Milán

El centro vital de Milán, y probablemente su imagen más evocadora, es su Piazza del Duomo. Construida hace más de siete siglos, en ella se alzan dos de las construcciones milanesas más conocidas en el mundo: la Catedral del Duomo y la Galleria Vittorio Emanuele II.

La Catedral del Duomo es una de las catedrales más simbólicas de Europa. En los cinco siglos que se tardó en su edificación, diferentes arquitectos, escultores y artistas aportaron su particular estilo, y el resultado de todo su trabajo fue una arquitectura única que fusiona el estilo gótico internacional con la tradición lombarda. El exterior está revestido de mármol blanco rosado, y su parte superior se culmina con infinidad de pináculos y torres coronadas por estatuas que contemplan la ciudad. Su interior produce una sensación de suntuosidad por sus largas columnas de mármol con estatuas talladas que llegan hasta el techo. La terraza de la parte superior ofrece la posibilidad de subir, ya sea a través de unas escaleras o en ascensor, y de pasear por las alturas mientras se contemplan las preciosas vistas de la ciudad.

Otra de las joyas arquitectónicas de esta plaza es la Galleria Vittorio Emanuele II, el centro comercial más famoso de Milán. Inaugurado en 1877, está considerado uno de los centros comerciales más hermosos del mundo. Todo el conjunto está cubierto por una estructura de hierro fundido y cristal de gran altura. Su interior acoge algunos de los establecimientos más antiguos de Milán; visitar esta galería es como sumergirse en el tiempo y contemplar un elegante decorado del siglo XIX. El ambiente es de buen gusto, delicadeza y armonía. Algunas de las elitistas marcas presentes son Dior, Prada, Armani, Gucci…, en sus cuatro pisos, se encuentran tiendas que ofrecen diseños de alta costura y joyas, hasta libros, obras de arte… Conocida como el «salón de Milán», este emblemático espacio también cuenta con restaurantes, heladerías, museos e incluso hoteles. Una visita a esta galería es imprescindible si lo que se busca es percibir con todos los sentidos el glamour de esta ciudad.

Interior de la Galleria Vittorio Emanuele

Muy cerca, se encuentra un emblemático e histórico edificio con más de 250 años: el Teatro alla Scala. Es uno de los referentes fundamentales del mundo de la ópera, por el han pasado los más célebres cantantes y directores de ópera del mundo. Su sobrio aspecto exterior deja paso a una belleza antigua inigualable en su interior. Se puede visitar en un tour guiado su museo, compuesto por una gran colección de pinturas, bustos, trajes y diferentes elementos relacionados con el mundo de la ópera; su gran vestíbulo, sencillo y armonioso; y sus pequeños palcos, revestidos de terciopelo rojo, desde los que se contempla el hermoso auditorio.

Shopping, monumentos y parques

Antes de continuar descubriendo los preciosos monumentos de Milán, hagamos una parada, o más bien un ritual cuando se va a esa ciudad: hacer shopping, o simplemente deleitarse con los lujosos escaparates en el conocido Quad d’Oro. Esta zona está constituida por cinco calles en pleno centro en las que se puede encontrar tiendas muy exclusivas en vías tan mundialmente famosas como Via Gesù, Via Santo Spirito, y, por supuesto, la icónica Via Montenapoleone, en la que, al pasear, te envuelve la esencia de Italia.

Ya hemos hecho referencia a que en esta ciudad se han fusionado el progreso con la historia, icónicos rascacielos como Pirelli, Palazzo Lombardia o Torre Unicredit, entre otros, seducen con su asombrosa arquitectura, que contrasta con monumentos como el Monasterio de Santa Maria delle Grazie, declarada Patrimonio de la Humanidad y famosa por albergar la sublime pintura de Leonardo Da Vinci,«La última cena»; el Castillo Sforzesco, construido como fortaleza en el siglo XIV —en la actualidad alberga algunos de los mejores museos milaneses—; o la Basílica de San Ambrosio, una de las iglesias paleocristianas de la urbe, y por consiguiente, una de las más antiguas.

Lejos de su imagen tópica, Milán es también una ciudad verde con bonitos parques urbanos. Quizás el más conocido sea el Parco Sempione, en el que se ubican el Teatro del Arte, el Acuario o la biblioteca municipal, más varios kilómetros de sendas y recorridos para caminar, correr o simplemente descansar. Otros dos que destacan son el Parco Forlanini, el más grande de la ciudad, y el Parco Lambro. También es conocida por atesorar sitios y cosas inusuales y sorprendentes, como la Piazza Affari, en la que se alza una imponente y bella escultura de 11 metros de altura; el Bosco Verticale, una maravilla urbana que apuesta por la sostenibilidad; la Piazza Mercanti, uno de los rincones más antiguos de la ciudad; Las Columnas de San Lorenzo, una de las pocas ruinas romanas que aún se conservan en Milán; o, entre otros lugares y cosas obligadas de ver, que por ser muchos resultan imposibles de enumerar, el Cementerio Monumental de Milán, un museo al aire libre con una atmósfera propia creada por el valor artístico incalculable de sus mausoleos y esculturas.

Sí, entre los viajeros, no hay duda, Milán es un destino ecléctico para amantes de la historia, de la moda, del arte, de la gastronomía… Podría decirse que conocerla, por todo lo que ofrece, es algo que se antoja casi como una obligación en la vida.

Por: Maica Rivera