En Mozambique hay un pájaro que «habla» con los hombres

indicator-U10107371408wIC--620x349@abcMe lo ha dicho un pajarito, solemos decir cuando no queremos desvelar cómo nos hemos enterado de algo. Y eso es lo que literalmente ocurre en la tribu Oya, en Mozambique.

Cuando sus integrantes salen a buscar miel, un pájaro les «dice» dónde están situadas las colmenas silvestres entre los árboles. Lo curioso es que previamente los Oya emiten un sonido difícil de describir, una especie de «brrr-hm», para solicitar la ayuda del «gran guía de la miel». Y el pájaro no sólo reconoce la llamada sino que responde con un canto especial para llamar la atención de quienes le buscan y dirigirlos a su objetivo.

Esta peculiar comunicación y cooperación entre un pájaro no domesticado, que vive en estado salvaje, y nuestra especie la han confirmado biólogos de la Universidad de Cambridge y lo publican «Science». La investigación revela que los seres humanos utilizan llamadas especiales para solicitar la ayuda de estos pájaros y que estos, a su vez, reclutan activamente a los socios humanos apropiados.

Se trata de un raro ejemplo de cooperación entre seres humanos y los animales que viven en libertad, que ocurre sin ningún entrenamiento previo. «Lo interesante es que implica una relación entre animales salvajes que viven en libertad cuya interacción con los humanos probablemente ha evolucionado por selección natural a lo largo de cientos de miles de años», destaca la bióloga Claire Spottiswoode, de la Universidad de Cambridge, que ha comprobado que gracias a esta colaboración con el pájaro, los Oya encuentran al menos una colmena el 75% de las veces.

La «buena acción» de este pájaro, de nombre científico «Indicator indicator», no es nada altruista. Se alimenta de cera y larvas de abeja, pero no puede extraerlas sin ayuda. Los recolectores utilizan humo para someter a las abejas y abrir el nido para sacar la miel, lo que permite al pájaro darse un festín sin recibir picaduras. Este pájaro establece una relación similar con el tejón de la miel, pero lo notable de este caso es que un animal salvaje coopere con los humanos.

La cooperación humana es crucial para los pájaros porque los nidos de abejas se ocultan a menudo en grietas inaccesibles en lo alto de los árboles y las abejas pican con ferocidad. El pajaro espera mientras que un «humano experto» lleva a cabo las tareas peligrosas de someter a las abejas, ahumándolas con un haz llameante de ramas y hojas del propio árbol, y extrae la miel de su interior, por lo general por la tala de todo el árbol. Tanto los humanos como los pájaros reciben su premio, sin ninguna competencia: los recolectores cosechan la miel y los pájaros devoran los panales de cera que éstos dejan atrás.

La historia de los pájaros guías es conocida, pero la idea de investigar qué había de cierto en esta curiosa relación surgió cuando Claire Spottiswoode tenía 11 años, gracias al trabajo en Kenia del ornitólogo Hussein Isack, al que la investigadora escuchó en Ciudad del Cabo, hablando sobre la utilización de una llamada distintiva en la tribu Yao que les ayudaba a reclutar a los pájaros guías de la miel. «Esto me intrigó inmediatamente. Estas llamadas podrían realmente ser un medio de comunicación entre los seres humanos y un animal salvaje», explica Spottiswoode.

Con la ayuda de los recolectores de miel de la comunidad local Yao, Spottiswoode lleva a cabo experimentos controlados en la Reserva Nacional Niassa de Mozambique para probar si las aves son capaces de distinguir esa peculiar llamada de reculitamiento de otros sonidos humanos, y así responder a ella de manera apropiada. La llamada específica de los recolectores de miel se transmiten de generación en generación y es una especie de trino fuerte seguido de un breve gruñido: «brrr-hm».

Para descubrir si estos pájaros asociaban ese sonido con un significado específico, Spottiswoode hizo grabaciones de ese sonido y de otros diferentes, para que sirvieran de «control». Estos últimos eran palabras y sonidos arbitrarios utilizadas para localizar otras especies de aves. Cuando estos sonidos se reproduheron en el medio natural durante las expediciones de búsqueda de miel experimentales, vieron las aves eran mucho más propensos a responder al «brrr-hm», la llamada realizada para atraerles, que a cualquiera de los otros sonidos.

Esta llamada tradicional aumenta la probabilidad de ser guiado por el pájaro del 33% al 66%, y la probabilidad de que muestre la localización de un nido de abejas del 16% al 54% en comparación con los sonidos control. Lo que significa que el «brrr-hm» «aumenta a más del triple las posibilidades de una interacción exitosa, que permite la obtención de miel para los seres humanos y la cera para el pájaro», explica Spottiswoode.

«Curiosamente, la gente en otras partes de África utilizan sonidos muy diferentes para el mismo fin. Por ejemplo, el trabajo de nuestro colega Brian Wood ha demostrado que los Hadza en Tanzania hacen un silbido melodioso para reclutar a estos pájaros. Nos encantaría saber si los «guías de la miel» han aprendido las variaciones de esta especie de lenguaje que utilizan otros pueblos a través de África, permitiéndoles reconocer buenos colaboradores entre la gente local que vive junto a ellos», dice la investigadora.

Indicator indicator se encuentra ampliamente en el África subsahariana, donde su plumaje pardo sin pretensiones oculta sus complejas interacciones con otras especies. Sus interacciones con los seres humanos para obtener alimentos son mutuamente beneficiosas, pero a la hora de buscar cuidado para sus crías se covierte en un explotador brutal de otras aves.

Y es que este curioso pájaro tiene también un lado «Hyde». Igual que el Cuco, los «guías de la miel» ponen sus huevos en nidos ajenos. Y cuando nacen los jóvenes «guías» se sirven de un gancho que tienen en el pico para matar inmediatamente a sus hermanastros de crianza, los verdaderos hijos de quienes los alimentarán, para así crecer a sus anchas y sin competencia por la comida. No cabe duda de el guía de la miel es todo un «pájaro». Ha conseguido que otros trabajen por él tanto a la hora de obtener comida como en la más exigente tarea de sacar a su prole adelante.