Once alimentos que no necesitan que los pongas en la nevera

Muchas personas creen que el lugar indicado para conservar por varios días los alimentos es la nevera.

Sin embargo, se ha comprobado que no todos deben ir allí, ya que hay algunos que, por sus compuestos, en lugar de conservarse en buen estado, se dañan más rápido o el frío les provoca alteración en su sabor y textura.

Te presentamos 11 alimentos, que es mejor almacenar en otro lugar:

El chocolate

La mayoría de nosotros guardamos, con la mejor intención, el chocolate en el frigorífico. Sin embargo, es un grave error. Cuando el chocolate se somete por mucho tiempo a temperaturas bajas como la del refrigerador, se forma en él una capa blanca que hará que cambie su sabor.

Consérvelo a temperatura ambiente y alejado de la luz. Por otro lado, tampoco le van bien las altas temperaturas.

Los tomates

A temperatura ambiente, el tomate sigue completando su proceso de maduración y acumula más compuestos volátiles que potencian su aroma y sabor. En la nevera ocurre justo lo contrario: a pocos grados pierden esas propiedades, según comprobó un estudio al comparar lo que les ocurría a 20º y a 4º

Otros ingredientes de las ensaladas, como la lechuga, aguantan bien el frío dentro de los cajones de refrigeración.

El jamón serrano

Al tratarse de embutido, la inercia nos lleva a guardar el jamón serrano en la nevera, junto con el jamón york y la mortadela. Pero es un error, ya que el frío altera su aroma y sabor.

Si lo has cortado en lonchas y ha sobrado puedes guardarlo en la nevera cubierto con papel film para que quede casi como envasado al vacío.

El pan

Es uno de los alimentos que más suele guardarse en la nevera. Sin embargo, este alimento sometido a las bajas temperaturas del refrigerador se estropea más rápido y su sabor queda alterado.

Lo ideal es que lo dejes en un lugar fresco y seco,o también puedes cortarlo en rebanadas y meterlo en el congelador. Así te aguantará hasta 3 meses.

El ajo y la cebolla

Al someterse a bajas temperaturas, tanto la cebolla como el ajo, se endurecen y pierden sus propiedades. Lo mejor es mantenerlos en un sitio oscuro, fresco y seco, preferiblemente en una bolsa de tela.

Si ya están troceados y quieres conservarlos en la nevera, hazlo mejor en un recipiente cerrado.

El melón

Ni el melón ni la sandía son frutas a las que les vaya bien el frío. Una rodaja de cualquiera de estas dos frutas, a punto de congelarse, pierde todo su sabor y también sus propiedades antioxidantes.

Como son frutas que nos gusta comerlas frescas, mételas en la nevera un ratito antes de consumirlas.

Los quesos curados

La mayoría de los quesos necesitan frío para conservarse, pero en general se puede decir que no es necesario en el caso de los curados y menos si están enteros. El frío los reseca, agrieta y hace que pierdan propiedades y sabor.

Si quieres meterlos en la nevera, elige la parte central, la menos fría, o los cajones de las verduras.

Los plátanos

Como todas las frutas tropicales, a los plátanos no les conviene el frío. Lo mismo le pasa a la piña. Los expertos recomiendan conservarlos a temperatura ambiente. Además, si envuelves la punta del plátano con film, se ralentizará el proceso de maduración y se conservará unos días más.

Recuerda que cuando los plátanos se ponen negros, solo significa que están maduros y más dulces, no que se hayan estropeado. Su cambio de color se debe a la oxidación del almidón que se transforma en azúcar.

La miel

Gracias a sus componentes mantiene su buen estado al aire libre y se conserva perfectamente para su consumo. Cuando se guarda la miel en el refrigerador, esta tiende a cristalizarse y, a consecuencia, pierde muchas de sus propiedades.

Un buen lugar para almacenarla miel es en la despensa. Y, en cualquier caso, fuera del alcance de la luz solar, ya que puede dañarla.

Papas

Según la United States Potato Board, almacenar estos tubérculos por debajo de los 7 grados centígrados convierte el almidón de la patata en azúcar, lo que las hace más dulces y también las decolora.

Guárdalas en un lugar fresco y oscuro, dentro de una bolsa de papel o una bolsa de plástico ventilada. Si las almacenas correctamente podrán durar dos o tres meses.