Para que una relación de pareja funcione no basta el amor

La psicóloga, psicoterapeuta y experta en terapia de pareja Carmen Benítez revela cuáles son las señales que indican si puede o no reconstruirse una pareja

Rutina, apatía, silencios casi cómodos, falta de intimidad y de ganas, fantasear con otra vida, tristeza… ¿Te suena esta secuencia? Cuando dejamos de regar esa «plantita» que se llama «vínculo» empezamos a «matar» lentamente el amor. Pero a veces resulta que el amor solo está dormido, latente, en barbecho, esperando recibir lo necesario para que aflore de nuevo.

Algunas personas acuden a una terapia de pareja cuando, a pesar de sentir que se siguen queriendo, no ven la manera de recuperar lo que sienten que han perdido. ¿Qué es lo que se puede averiguar en una terapia de pareja? Hablamos con la psicóloga Carmen Benítez, fundadora y codirectora de El Olivo Psicoterapia Humanista, para conocer cuáles son los resortes emocionales que una pareja necesita activar para «volver a empezar» y cuáles serían las señales que indican que sería más adecuado iniciar el doloroso proceso de la ruptura.

¿Qué señales indican que se puede reconstruir una relación de pareja?

Lo que analizamos en una terapia de pareja es si existen indicadores que muestran que la relación sigue viva. Uno de ellos es la capacidad de aceptación del otro tal y como es, frente al deseo de que cambie, pues eso sería un indicador negativo. Alegrarse con las alegrías del otro puede ser otra señal positiva y otra es la capacidad de crear una buena intimidad de pareja. También influye la capacidad de decir «tú eres el primero, no el único, pero sí el primero», es decir, la capacidad de decir que la otra persona está antes que mis padres o mis hermanos, por ejemplo. Eso no es fácil, pues tiene que ver con el modo en que cada persona renuncia a un sueño individual en favor de un sueño compartido.

Pero ¿eso quería decir que se siguen amando?

El amor en la pareja se va transformando con el paso del tiempo. Lo que inicialmente es una pasión, que depende de los instintos, se transforma con el tiempo. Nosotros decimos que el amor es una meta que no se logra desde el principio. Puede haber desde el principio una buena conexión, una atracción, pero el amor es algo que se va creando y construyendo con el paso del tiempo y a veces incluso puede entenderse como una actitud, un estado vital.

Es cierto que ahora lo que nos encontramos con frecuencia en las terapias de pareja son problemas de lucha de poder que tienen que ver con el deseo de imponer un criterio al otro o con el deseo de llevar siempre la razón o con las consecuencias de los conflictos que surgen cuando la pareja empieza a convivir.

Y con la convivencia llegan los problemas…

Puede darse el hecho de que antes de la convivencia las cosas vayan más o menos bien y que, una vez que se convive, surjan una serie de conflictos que lleven a que uno u otro intente imponer su criterio o lo que crea que es mejor según lo que ha vivido o según su historia. Llegar a acuerdos en estas situaciones es lo que puede ayudar a crear una nueva unidad, una especie de «tercero», un «vínculo» o un «nosotros».

¿Cuáles son los errores en la convivencia o los detonantes de los conflictos?

Es curioso porque en la convivencia la pareja puede discutir con la misma intensidad por cosas que son de una nimia importancia (dejar o no cerrada la pasta de dientes, por ejemplo) y por otras que tienen mucha más importancia como la decisión del colegio al que van a ir los hijos. Lo que vemos de fondo en estos casos no es el contenido, sino la manera en que cada uno de ellos intenta imponer, al principio de la convivencia, el modelo que vivió con sus padres. Es como si, por debajo, se diera una especie de lucha sobre cuál es el mejor modelo, aunque el conflicto se muestre a través de detalles pequeños.

Algo que es común en la primera entrevista en una terapia de pareja es que ambos sinteticen el motivo de su consulta diciendo que tienen un «problema de comunicación». Pero, en general, bajo ese problema de comunicación hay otros «atascos» que son los que se irán descubriendo a lo largo del proceso. La clave está en que al comienzo de la convivencia suele haber conflictos y conviene llegar a acuerdos y no dar por válidos modelos antiguos, sino crear algo nuevo, totalmente nuevo, pues así podrán mirar hacia adelante.

Y además, entiendo que construir algo nuevo debe ser algo liberador…

Eso es. La pareja es la unidad de mayor creatividad que existe. A través de ella pueden venir nuevos proyectos como los hijos, o un negocio, o la casa… O muchos más. Es uno de los organismos vivos que más creatividad permite. Por amor se pueden hacer muchas cosas. Pero, claro, para que funcione una relación de pareja no basta el amor…

«La separación es el dolor humano que más nos cuesta pasar. Muchas personas prefieren malvivir en pareja a separarse» Carmen Benítez, Psicóloga

¿Por qué no basta el amor?

Porque a veces no estamos maduros, porque a veces venimos cargados con traumas del pasado y queremos que la otra persona los resuelva, porque a veces no hay un equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos y porque el amor tiene una medida. Todo tipo de amor tiene una medida. El amor hacia la pareja, hacia los hijos, hacia las amistades, el amor en general tiene una medida. Cuando nos pasamos de dar creamos una relación muy dependiente, en la que uno se convierte (digámoslo así, de una forma muy simbólica) en un «amo» y el otro, en un «esclavo». Pensar que «yo soy la que más quiero» es una cosa muy de ego.

Pero a veces se dice eso de «yo soy el que más te quiero» pensando que somos «generosos» por querer mucho…

No, eso de decir «yo soy el que más quiero al otro» es darse mucha importancia a uno mismo. Y en una pareja se trata de «querer mejor» no de «querer más». Todo en esta vida tiene una medida y el amor también.

En una pareja, ¿uno más uno es dos?

No, no es dos. Es tres. La ecuación cambia y las matemáticas fallan cuando hablamos de amor. En el amor una pareja es uno más uno más un «nosotros», es decir, un sueño compartido, una idea de «para siempre» o al menos una idea de de desafiar el concepto del tiempo.

Sin embargo, en las sesiones de terapia de pareja vemos que a veces falla una persona porque viene con muchos «atascos» de su pasado, o a veces falla el otro por otra circunstancia o incluso a veces lo que falla es el «vínculo». Esto suele verse más en las relaciones que tienen hijos. De alguna manera ese vínculo, que es como una «plantita» que tienen que cuidar dos personas, se deja en un segundo plano y no se cuida. Se antepone el día a día con los hijos. Empiezan a pasar los años y aquella relación que estaba llena de «palabras», de «intimidad», de «miradas», de «complicidad» y de un decirse «hola» y en seguida saber cómo está la otra persona, empieza a convertirse en una maquinaria rutinaria despojada de esos elementos silenciosos y maravillosos que solo esas dos personas conocían. Y aquí es donde empieza a desaparecer el amor. Algunas parejas llegan a una terapia en un estado en el que sí, se quieren, se tienen cariño, pero dejaron de cuidar aquella unión, aquel vínculo o aquel «tercero» que es tan importante.

¿Y qué pasa cuando nos comparamos con otras parejas?

En los últimos 60 años han cambiado mucho los modelos de pareja. Antiguamente lo primero que tenías que hacer es tener el libro de familia porque la pareja era para formar una familia. Incluso había matrimonios que no se unían por amor sino para tener hijos o por una cuestión social o económica. Esto ha cambiado mucho y en el «menú» hay muchos tipos de pareja. Si la intención, cuando nos miramos en otros modelos es aprender para crecer, bienvenido sea. Pero si la intención es acosar al otro para pedir más eso ya es otra cosa.

Además, hay algo que debemos tener en cuenta a la hora de hacer esas comparaciones. Toda pareja tiene dos caras, una pública y una íntima. A veces puede sorprendernos la ruptura de esa pareja idílica de nuestro grupo de amigos que parecía perfecta. Pero lo cierto es que es probable que esa pareja tuviera una cara pública maravillosa, pero después su intimidad fuera vacía o poco satisfactoria. O puede suceder que una pareja esté todo el día discutiendo públicamente, pero después tengan una intimidad especial, cargada de detalles, de miradas, de gestos, de rituales, de palabras y de vínculo… Compararse con otras parejas es difícil, porque casi nunca se ve la parte íntima. Y al mirar solo la parte pública solo vemos la «fachada» del edificio. No puedes saber «cómo vivirías dentro».

¿Qué señales indican que es el momento de romper una relación?

No es sencillo. La separación es el dolor humano que más nos cuesta pasar. Muchas personas prefieren malvivir en pareja a separarse. El dolor más intenso de la condición humana sería la separación, en general, de los hijos, de la pareja… Por eso hacemos todo lo posible por evitarlo. Y eso hace que haya personas que se queden así durante mucho tiempo y así les resulte aún más difícil ver esas señales.

La presencia de un conflicto no siempre es un indicador de que hay que romper una relación. A veces sí, pero otras veces no tiene por qué. Los indicadores más claros se dan cuando alguien trata de imponerse sobre la otra persona, cuando trata de tener el poder o tener siempre la razón o cuando siempre intenta cambiar al otro.

Otra señal se da cuando hay poco equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe. Cuando una persona da mucho y el otro está en el «recibir» se crea una relación «madre-hijo» o «padre-hija» que, de alguna manera, mata el amor de pareja.

La sexualidad también es importante, entendida como una fuerza o como el músculo de la relación de pareja. Algunas parejas pueden pasar casi toda la vida exentas de esa parte, pero van a ser parejas con vínculos débiles.

También puede darse el caso de que se haya hecho mucho daño a alguno de los miembros de la pareja, pues en ese caso también sería difícil reconstruir esa relación.

Y lo mismo puede suceder cando se rompe con los «mitos» de esa pareja. Ahora estamos viendo que hay una mitología en las parejas del presente que incluye conceptos a modo de pilares como la comunicación, la confianza y la fidelidad. Y eso hace que, si falla uno, por ejemplo, la fidelidad, se caigan los otros dos pilares.

Dicho esto, lo que sí es cierto es que a veces las crisis son generadoras de cambios importantes en la pareja y positivos en la pareja. Una crisis puede dar músculo, fuerza y realidad a una pareja.

¿Qué hay detrás de esas parejas que nunca discuten?

Algo raro. En ese tipo de parejas hay uno de ellos que ha renunciado a ser quien es para ser como la otra persona querría que fuera. Es verdad que un nivel alto de conflicto no es asumible pero el hecho de que no haya puede indicar que alguien está renunciando a su visión de la vida o a su aportación de quién es a esa relación.

Carmen Benítez es psicóloga General Sanitaria, psicoterapeuta, terapeuta Gestalt, experta en Mindfulness en Contextos de Salud. Formada en terapia familiar sistémica y terapia de pareja. Fundadora y codirectora de El Olivo Psicoterapia

Por: Raquel Alcolea