Por primera vez un Airbus A340 aterriza sobre el hielo en la Antártida

El Airbus A340 de la compañía Hy Fly, sobre el hielo de la Antártida – Marc Bow

El avión, alquilado por un empresa de turismo de lujo, salió de Ciudad del Cabo y aterrizó con un peso máximo de 190 toneladas sobre una pista de hielo de tres kilómetros

El turismo en la Antártida no es algo extraño. Dejando al lado la pandemia, llevamos años viendo barcos de expedición y cruceros más o menos especializados que salen de Ushuaia (Argentina) en busca de los paisajes extremos del planeta. Unos 40.000 turistas contratan uno de esos viajes cada temporada, atraídos por la belleza inhóspita y desolada de un universo helado.

Sin embargo, en nuestra imaginación aún sorprende (y no sin razón) el viaje que motiva estas líneas. Por primera vez, un Airbus A340 -un gigante con un peso máximo de despegue de 275 toneladas- ha tomado tierra en una pista de hielo glacial azul antártico. Detrás de ese vuelo estaba la compañía Hy Fly, especializada en alquilar aviones y tripulación para expediciones de lujo, por ejemplo.

Esta vez su cliente ha sido una empresa que organiza expediciones de cuatro días a un campamento de lujo en la Antártida, una especie de safari en el hielo. De hecho, el aeródromo Wolfs Fang es una pista aérea privada establecida en la Antártida por White Desert Ltd.

Este vuelo histórico, el HFM801 / 802, pilotado por el capitán Carlos Mirpuri, vicepresidente de Hi Fly, salió de Ciudad del Cabo con destino al continente helado, un viaje de 2.500 millas náuticas (ida y vuelta) que requrió entre cinco horas y cinco horas y media por trayecto. Fue el 2 de noviembre, aunque los detalles no se han conocido hasta ahora. A bordo del primer vuelo de la temporada iban 23 pasajeros con la mayor parte del equipo de apoyo en tierra que va a necesitar esta empresa para su campamento/safari (WFR, Wolf’s Fang Runway, Antártida) para afrontar la temporada de verano 2021/2022.

Mirpuri escribe en su cuaderno de bitácora que «llevar combustible para cubrir ambos sentidos significa que aterrizaríamos con un peso máximo de aterrizaje de 190 toneladas. Agregue el hecho de que estamos operando en un aeródromo excavado en hielo glacial azul y uno comprende fácilmente que el primer aterrizaje de Airbus A340 allí atrajo mucha atención y ansiedad».

Para asegurar la calidad de la pista es imprescindible revisar los informes de fricción, tarea que se realizó con un automóvil debidamente equipado que recorrió la longitud de la pista tomando medidas cada 500 metros. «Las fricciones también estaban todas por encima de lo que consideramos mínimo», explico luego Mirpuri. En esa misma pista había aterrizado dos días antes un jet de negocios que transportaba científicos.

«Una pista de hielo glacial azul es dura -describió Carlos Mirpuri-. Puede soportar un avión pesado encima. Su profundidad es de 1,4 km de hielo libre de aire, duro. La siguiente cosa importante es que cuanto más fría, mejor. El ranurado se talla a lo largo de la pista con un equipo especial, y después de la limpieza y el tallado obtenemos un coeficiente de frenado adecuado; la pista tiene 3.000 metros de largo».

«El reflejo es tremendo -añadió Mirpuri. Tampoco es fácil divisar la pista. No hay guía visual de la pendiente de planeo, y la mezcla de la pista con el terreno circundante y el inmenso desierto blanco alrededor, hace que el juicio de altura sea un desafío, por decir lo menos. Cuando llegamos a la velocidad del taxi, pude escuchar una ronda de aplausos desde la cabina. Estábamos alegres. Después de todo, estábamos escribiendo historia.»

El primer vuelo registrado a la Antártida fue en un monoplano Lockheed Vega 1. Hubert Wilkins y Ben Eielson realizaron el 20 de diciembre de 1928 el primer vuelo exploratorio sobre la Península Antártica, bordeándola por la costa del Mar de Weddell. El proyecto fue financiado por William Randolph Hearst, el rico magnate editorial estadounidense.

En la Antártida hay entre 40 y 50 pistas de aterrizaje, aunque no hay aeropuertos y vuelos regulares como entendemos en el resto del planeta. Según afirma Simple Flying, desde noviembre de 2019 hasta febrero de 2020, un Boeing 767 de Titan Airways operó una serie de seis vuelos entre Ciudad del Cabo y Novolazarevskaya, una estación de investigación antártica rusa. Además -añaden-, en noviembre de 2019, por primera vez, un Boeing 737 aterrizó en la Antártida. El avión fue operado por PrivatAir y fletado por el Norwegian Polar Institut. En cualquier caso, por ahora, los aviones militares y los pequeños turbohélices siguen siendo la norma.