Por qué la propagación de la variante delta rompe las esperanzas de conseguir la inmunidad de grupo

Cualquier idea de que la covid-19 iba a durar solo unos meses estaba muy fuera de lugar en 2020.

Especialmente después de que se reconociera que el virus SARS-CoV-2 se propaga en gran medida por el aire.

Todos los indicios apuntaban a que provocaría repuntes de la infección en oleadas, como ya sucedió en la epidemia de gripe de 1918.

Además, muy pocos científicos predijeron que veríamos el tipo de mutaciones que hemos visto en un período de tiempo tan corto.

Esto ha hecho que el virus se vuelva más transmisible y con mayor capacidad para evadir la respuesta inmunitaria.

La evolución del virus ha sido tan rápida que la variante delta, que actualmente domina el mundo, es al menos dos veces más transmisible que el virus original.

Esto significa que la inmunidad de rebaño es un tema fuera de la mesa.

Deberíamos comenzar a evitar el uso de ese término en el contexto del SARS-CoV-2, porque no se materializará, o es poco probable que se materialice, durante nuestras vidas.

Cuando los políticos y otros grupos hablan de la inmunidad colectiva, desafortunadamente, tienen la idea errónea de que las herramientas actuales que tenemos son adecuadas para eliminar el virus.

Pero no es así.

Por eso deberíamos estar hablando de cómo vivir con el virus.

El tremendo éxito que se ha materializado con las vacunas contra la covid-19 nos permite hacerlo, sin llegar realmente al umbral de inmunidad de rebaño.

Promocionar el concepto de inmunidad de rebaño crea la idea errónea de que realmente vamos a llegar a una etapa en la que erradiquemos el virus.

Es poco probable que eso suceda.

Seguirá circulando.

Y hay una serie de peligros en seguir haciendo que la gente crea que es posible.

En primer lugar, podría afectar a la confianza que se tiene en las vacunas.

Incluso aunque Sudáfrica llegue a su objetivo de vacunar al 67% de la población, según lo establecido por el Departamento de Salud, todavía sufrirá brotes de covid-19.

El resultado será que la gente comenzará a dudar de los beneficios de vacunarse.

Además, para la variante delta, ahora dominante, la inmunidad contra la infección (no solo la enfermedad de covid-19) debería estar más cerca del 84% para que se alcance el umbral de «inmunidad colectiva».

En segundo lugar, no hacer frente a la realidad de que no se puede lograr la inmunidad colectiva significará que países como Sudáfrica seguirán creyendo que las actuales restricciones los llevarán allí.

Eso pondrá en peligro la vida de las personas en múltiples frentes, incluida la educación.

¿Qué es la inmunidad de rebaño?

La inmunidad colectiva se da cuando alguien infectado por el virus, en promedio, no infecta a otra persona.

De modo que se llega a un estado en el que la inmunidad de la población contra la infección por el virus es tal que hay muy pocas personas para que se produzca una transmisión continua a otros.

Esto se debe a que han desarrollado inmunidad contra la infección, o al menos han desarrollado inmunidad en la medida en que, incluso si estuvieran infectados, podrían eliminar el virus muy rápidamente y no podrían transmitirlo a otras personas.

Entonces, la inmunidad colectiva significa esencialmente que ha provocado una interrupción absoluta en la cadena de transmisión del virus en la población en ausencia de otras intervenciones que también podrían interrumpir la transmisión del virus, como el uso de máscaras faciales.

Pero algunos cambios han forzado a su vez un cambio en nuestra forma de pensar sobre la inmunidad colectiva.

Ahora se ve mucho más como una aspiración que como un objetivo real.

¿Qué ha cambiado?

En primer lugar, la evolución del virus y las mutaciones que se han producido.

Un conjunto de mutaciones hizo que el virus fuera mucho más transmisible o infeccioso.

La variante delta es solo un ejemplo.

Inicialmente pensamos que la tasa de reproducción del SARS-CoV-2 estaba entre 2,5 y 4.

En otras palabras, en una población completamente susceptible, cada persona infectada en promedio infectaría entre dos y media y cuatro personas más.

Pero la variante delta es al menos dos veces más transmisible.

Eso significa que la tasa de reproducción de esa variante probablemente esté más cerca de 6 que de 3.

El segundo cambio es que el virus ha demostrado tener la capacidad de tener mutaciones que lo hacen resistente a la actividad neutralizante de anticuerpos inducida tanto por una infección pasada como por la mayoría de las vacunas actuales contra la covid.

El tercer gran problema se centra en la durabilidad de la protección.

Nuestras respuestas duran al menos de seis a nueve meses en este momento.

Pero eso no significa que nos protegerán contra la infección de variantes que están evolucionando, incluso si tales respuestas ayudan a atenuar el curso clínico de la infección que conduce a una covid menos grave.

El cuarto problema que conspira en contra de que podamos alcanzar un umbral de inmunidad colectiva a corto plazo es la distribución desigual de la vacuna en todo el mundo, la lenta aceptación y el lento lanzamiento. Desafortunadamente, esto proporciona un terreno fértil para la evolución continua del virus.

Ningún país va a mantener cerradas sus fronteras de forma perpetua.

Esto significa que toda la población mundial necesita alcanzar el mismo tipo de umbral aproximadamente al mismo tiempo.

Por el momento, solo el 1% de la población de los países de bajos ingresos ha sido vacunada.

En total solo el 27% de la población mundial.

Con la variante delta, necesitaríamos acercarnos al 84% de la población mundial protegida contra la infección (en ausencia de intervenciones no farmacológicas) tan pronto como sea posible.

Próximos pasos

La única solución sostenible es aprender a convivir con el virus.

Esto requerirá asegurarnos de que la mayoría de las personas, especialmente los adultos, y en particular los que tienen un mayor riesgo de desarrollar covid-19 grave y morir, se vacunen lo más rápido posible.

En mi opinión, esto podría lograrse en Sudáfrica con solo el 20 millón de personas vacunadas, la mitad del objetivo de 40 millones establecido por el gobierno.

Pero los 20 millones tendrían que incluir al 90% de las personas mayores de 60 años y al 90% de las personas mayores de 35 que tienen comorbilidades.

Si Sudáfrica logra este hito, podría volver a un estilo de vida relativamente normal incluso aunque el virus continúe circulando y causando brotes ocasionales.

También aseguraría un umbral que garantizara que los sistemas de salud no se verían abrumados y que la gente no moriría en masa.

Simplemente tendremos que sentirnos cómodos con la idea de que el SARS-CoV-2 será como uno de los muchos otros virus que circulan y que causan enfermedades respiratorias todos los días.

Por lo general, infecciones leves y, con menos frecuencia, una enfermedad grave.

Desafortunadamente, la gente continuará muriendo de covid-19, pero ciertamente no en la magnitud que hemos visto en los últimos 18 meses.

Un avance importante sería que el covid-19 no fuera más severo que lo que se ve en cada temporada de influenza (y que provoca de 10.000 a 11.000 muertes) en Sudáfrica.

El ejemplo de Reino Unido

Deberíamos dirigirnos hacia la experiencia de Reino Unido.

Volver a un estilo de vida relativamente normal, siempre que tengamos una cantidad adecuada de personas vacunadas y, en particular, que lo estén las personas con mayor riesgo de desarrollar covid de grave.

Reino Unido tiene actualmente cerca del 85% de los adultos vacunados con al menos una dosis de la vacuna.

Como resultado, pueden eliminar casi todas las restricciones.

El país está experimentando un aumento en el número de casos de la variante Delta.

Pero han visto cambios muy nominales en lo que respecta a la hospitalización y la muerte.

La gran mayoría de las personas (97%) que aún terminan siendo hospitalizadas y muriendo de covid-19 en Reino Unido son las que decidieron no vacunarse.

 Por: Shabir A. Madhi

*Shabir A. Madhi es decano de la facultad de Ciencias de la Salud y profesor de vacunación en la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica. Además, es director de la Unidad de Investigación de Análisis de Vacunas y Enfermedades Infecciosas del SAMRC, Universidad de Witwatersrand.
Este artículo apareció originalmente en The Conversation.