¿Sabes por qué nos despertamos antes de que suene el despertador?

Todos odiamos levantarnos con el sonido de una estridente alarma, pero si hay algo que nos puede sentar peor, es levantarnos unos minutos antes de que suene, pero ¿por qué pasa esto?

Aunque a nadie le sorprenda, no solo nosotros, nuestro cuerpo también odia las alarmas y no quiere que lo arrastren fuera de un delicioso sueño, quiere llegar tranquilo y a su propio ritmo. Para evitarlo, nuestro cuerpo está tan bien entrenado que sabe exactamente cuándo despertarse. Desafortunadamente, a veces eso también se traduce en una horrible sensación de pánico en la que nos despertamos pensando que nos hemos quedado dormidos. No obstante, si atrasamos la alarma, se deshace todo el trabajo que estaba haciendo nuestro cuerpo ayudándonos a pasar suavemente del sueño a la vigilia, mezclando las hormonas que nos ayudan a conciliar el sueño con las que nos ayudan a despertar, y antes de que nos demos cuenta volverá a sonar la alarma y terminaremos sintiéndonos peor. Entonces, ¿por qué tener una alarma en primer lugar? ¿No se puede confiar en que el cuerpo se despierte cuando lo necesita por sí mismo?

Llevar una rutina diaria nos ayudará a dormir mejor, incluso si somos aves nocturnas. No obstante, debemos ser constantes, ya que incluso dormir de manera diferente un fin de semana puede desequilibrar nuestro reloj biológico, deshaciendo el trabajo de una rutina diaria. Por otro lado, dormir demasiado conlleva sus propios riesgos para la salud.

¿Por qué nos sentimos cansados de noche?

El reloj interno del cuerpo, conocido como ritmo circadiano, gobierna el ciclo de sueño y vigilia. Es como un reloj que funciona en segundo plano y controla la presión arterial, la temperatura corporal y el sentido del tiempo que dicta la cantidad de sueño que tenemos. Los factores externos pueden influir en nuestro ritmo circadiano, cuando oscurece por la noche nuestros ojos envían una señal al hipotálamo, la parte del cerebro que dicta los niveles de energía y ayuda a mantener los ritmos circadianos, por lo que en ese momento deberíamos sentirnos más cansados. Tras ello, nuestro cerebro responde obedientemente enviando una señal al cuerpo para que libere melatonina, lo que nos hace entrar en ese estado de cansancio. Sin embargo, nuestros ritmos circadianos están en sintonía con nuestro modo de vida, por lo que, si somos aves nocturnas, nuestro ciclo de sueño y vigilia será diferente al de las personas que viven de día, pero mientras descansemos la cantidad adecuada, apenas notaremos los efectos del cansancio.

Esclavos de la rutina

Su reloj biológico funciona mejor cuando tiene una rutina. Si se acuesta a la misma hora todas las noches, su cuerpo se acostumbrará a la cantidad de sueño que tiene/necesita y aprenderá cuándo despertarse por la mañana. Nuestro ciclo de sueño está parcialmente regulado por la proteína PER, cuyos niveles aumentan y disminuyen cada día. Cuando los niveles de PER descienden (por la noche), nuestro ritmo cardíaco se ralentiza, la presión arterial baja y nuestro pensamiento se vuelve un poco confuso. Si tenemos una rutina constante de sueño y vigilia, despertándose a la misma hora todos los días, nuestro cuerpo comienza a aumentar sus niveles de PER, incluida la presión arterial y la temperatura corporal, además de liberar hormonas como el cortisol que nos ayudan a lidiar con el estrés una hora antes de la hora a la que normalmente nos levantamos, lo que le ayuda a comenzar un nuevo día de la mejor forma posible.