¿Sabes por qué no vemos las cosas aunque las tengamos delante de las narices?

B (00)gApuntan a una parte concreta del cerebro como la culpable de algunos despistes que parecen inexplicables

Existe un divertido y famoso experimento que nos dice mucho de cómo vemos el mundo. En un vídeo, seis personas divididas en dos equipos, uno con camiseta blanca y el otro, negra, se pasan el balón entre ellas. Unos voluntarios debían contar el número de pases que los jugadores de blanco se hacen entre sí. Parecía sencillo, son quince pases. Pero a la mitad de los voluntarios les pasó desapercibido algo muy poco sutil: no vieron que por la pista caminaba… ¡un gorila! ¿Cómo puede uno perderse algo semejante? Porque la atención estaba fijada en los objetos blancos, así que los negros, como el gorila, quedan en segundo plano.

A esto se le llama ceguera al cambio, pero existen otros despistes del cerebro por los que, enigmáticamente, no vemos lo que tenemos delante, aunque sea del tamaño de un hombre, vestido o no de gorila. Es lo que le ocurre a un jugador de fútbol cuando lanza el balón directamente a los pies de otro del equipo contrario. ¿Es que no lo ha visto?

Pues no, realmente no lo ha visto. Y la causa está en una parte concreta de su cerebro.

Dobromir Rahnev, psicólogo en el Instituto de Tecnología de Georgia, conduce un equipo que investiga cómo el cerebro organiza la percepción visual, incluyendo la forma en que «se pierde» las cosas, incluso cuando están claramente a la vista.

Rahnev e investigadores de la Universidad de California en Berkeley han desarrollado un mapa aproximado de la función de la corteza frontal en el control de la visión. La corteza frontal es la parte del cerebro que los científicos asocian con el pensamiento y la toma de decisiones. Sin embargo, no está comúnmente relacionada con la visión, posiblemente porque son otras partes las que transforman la información procedente de los ojos en la visión y dan sentido a la misma identificando los objetos.

Rahnev cree que esa idea es errónea. Según sus conclusiones, la corteza frontal controla y supervisa todo el proceso de la visión, por lo que es tan esencial para la forma en que vemos como esas otras áreas. «Creemos que nuestra visión es como una cámara, pero que esa es una idea totalmente equivocada», dice Rahnev. «Nuestros cerebros no están sólo viendo, están construyendo activamente la escena visual y toman decisiones al respecto». Lo que ocurre es que, en ocasiones, la corteza frontal no está a la espera de ver algo, así que aunque esté a la vista, la borra fuera de la consciencia.

«No lo vi venir»

Para probar la implicación de la corteza frontal en la visión, los investigadores realizaron un experimento de dos partes. En primer lugar, observaron qué regiones de la corteza frontal se iluminaban con la actividad mientras voluntarios sanos completaban tareas visuales que corresponden a tres etapas básicas de la percepción visual consciente. En segundo lugar, se inhibieron esas mismas regiones utilizando estimulación magnética para confirmar su participación en cada etapa visual.

La primera etapa de la percepción visual que probaron los investigadores fue la selección, cuando el cerebro recoge una parte de la amplia gama de estímulos visuales disponibles para prestarles realmente atención.

La segunda etapa es la combinación. El cerebro combina la información visual que procesa con otro material. Es decir, el cerebro pone lo que realmente ve junto con sus expectativas, lo que espera que suceda. En el caso del jugador, su cerebro combina lo que ve con lo que espera ver, como un compañero al que pasarle el balón en una jugada mil veces realizada en los entrenamientos.

Luego viene la evaluación. El cerebro decide hacer una cosa u otra en función de todo lo que ha procesado. En este momento, el jugador debe decidir si hace el pase o no. Pero si espera que su compañero esté en el lugar apropiado, puede que lance el balón directamente a otro del equipo contrario que ha borrado de su percepción. «La corteza frontal envía una señal para mover su atención sobre el objeto que selecciona», dice el investigador. «Es probablemente el evaluador principal de lo que usted piensa que ve».

En el experimento, cuando los investigadores usaron estimulación magnética para inhibir partes concretas de la corteza frontal, los sujetos eran menos capaces de completar las funciones correspondientes de selección y combinación. Cuando estimularon la parte delantera, ocurrió lo contrario. Los sujetos fueron ligeramente, pero significativamente mejores, evaluando con exactitud lo que pensaban que veían. «Esta es una demostración muy clara de la función que la corteza frontal, que generalmente se considera el asiento del pensamiento, juega en el control de la visión».

El «Juro que no lo vi venir» de un futbolista puede quedarse en una riña de su entrenador, pero esa misma frase dicha a un policía tras un accidente de tráfico es mucho más seria. Rahnev dice que la distracción es a menudo la culpable, porque exige demasiado a la organización de la percepción. Pero añadir demasiado al montón, como escribir mensajes de texto al volante, advierte el investigador, «puede llevarte a empotrarte junto a un coche aparcado sin ni siquiera haberlo visto».