¿Sabes por qué tenemos dos ojos?

Tener dos ojos nos permite captar la profundidad, pero no sería la única manera de hacerlo

¿Por qué tenemos dos ojos? Me preguntas mientras clavas tu pupila en mi pupila carente de color, porque la pupila es un espacio vacío en el medio del iris. Los ojos son, posiblemente, la parte más carismática de nuestra anatomía, nos atrapan, nos inquietan y vehiculan todo tipo de emociones y mensajes. Conocer unos ojos significa por captar en ellos tantos matices que incluso podríamos tener una conversación sin usar palabra alguna. Ahora bien, a pesar de toda la atención que les prestamos, lo visibles que son y la cantidad de poemas y canciones que les hemos escrito, reflexionamos bastante poco sobre por qué son como son, o lo que es más interesante: por qué no son de otro modo.

Si nos fijamos en la naturaleza, existen multitud de ojos diferentes, estructuras que han evolucionado de forma independiente entre sí, formas diferentes a las nuestras que cumplen perfectamente su función. ¿Por qué nuestros ojos no están formados de otros “ojos” más pequeños, como en el caso de los insectos? ¿Por qué no tenemos una pupila rasgada como los calamares o las sepias? ¿Por qué solo tenemos dos en lugar de cientos, como tienen las vieiras? No hay respuesta fácil cuando tratamos con la evolución, porque no todo se debe siempre a la funcionalidad. A veces, la clave está en las casualidades, en el azar actuando por las contingencias del medio o sobre las limitaciones que la biología de nuestros antepasados nos ha restringido. Sin embargo, podemos explicar algunas cosas, sobre todo el desarrollo una vez dimos los primeros pasos.

Para verte mejor

Podemos especular con bastante certeza que, casi todos los ojos surgieron de una manera parecida. Existen pigmentos en la naturaleza que responden a la luz, como puede ser la propia melanina de nuestra piel, la que nos pone morenos. En un primer momento, algunos de estos pigmentos debieron concentrarse en puntos concretos de la superficie de los organismos, haciendo que respondieran a la luz, aunque fuera lenta y difusamente. A más luz más respuesta de los pigmentos y viceversa. Con el tiempo, es posible que este pigmento se hundiera en la superficie, como si se situara al fondo de una cueva con la entrada estrecha. Esto es una estrategia que ayuda a seleccionar qué rayos de luz llegan al pigmento, filtrando exclusivamente aquellos que entren lo suficientemente rectos por la apertura como para atravesar la cavidad hasta el final. Dicho de otro modo, rayos paralelos y que, por lo tanto, mantienen las imágenes “ordenadas”, sin mezclar, o dicho como solemos expresarnos: bien definidas.

Estas son características comunes a todos los ojos propiamente dichos (tal vez no a los ocelos, que detectan casi exclusivamente la luminosidad del entorno). Ahora bien, distintos organismos encontraron diferentes formas de mejorar esa estructura para optimizarla en su medio. Por ejemplo, en nuestro caso apostamos por globos oculares más grandes, por los que pudiera entrar más luz, que pudiéramos aumentar notablemente al definición de la imagen con “lentes” como la córnea o el cristalino, y que en el fondo de nuestro ojo hubiera receptores diferentes para varios colores. Ahora bien. ¿Qué ventaja tienen dos ojos frente a otras combinaciones?

Una cuestión profunda

En cuanto al número, como decíamos antes, lo lógico es pensar que tenemos dos ojos porque eso nos permite ver la profundidad, cosa que es parcialmente cierta. Al tener dos ojos ligeramente desplazados uno respecto del otro, tenemos dos perspectivas diferentes, lo cual significa que sitúan casi en el mismo sitio los objetos lejanos, pero los más cercanos a ellos tienen posiciones relativamente diferentes respecto a cada ojo, y esa diferencia es la que usa nuestro cerebro para calcular cómo de lejos está algo. Podemos probar a extender el pulgar ante nosotros y cerrar alternamente uno y otro ojo, para ver cómo cambia su posición aparente en función de lo lejos que esté respecto a nosotros.

Sin embargo, hay otras formas de hacer lo mismo, por ejemplo, cerremos un ojo, extendamos el pulgar y movamos la cabeza como si orbitara al dedo, veremos que los objetos de la sala se desplazan de forma diferente, dándonos pistas sobre la distancia a la que se encuentran. Es cierto que tener dos ojos es más eficiente que vivir moviendo la cabeza para captar profundidades, pero había otras alternativas. En cualquier caso, fue esta la que presentaron nuestros antepasados más remotos. Y, si nos preguntamos por qué no más ojos, como las arañas, la respuesta es sorprendentemente más sencilla: ¿para qué? Con dos ojos tenemos la visión en profundidad, que no mejoraría con tres, y tampoco ganaríamos en agudeza o campo visual (cosa que podríamos resolver desplazando los ojos hacia los laterales del cráneo, aunque a costa de otras ventajas).

Aunque los cefalópodos no tengan receptores para el color el su retina, sabemos que logran suplirlo con la forma de sus pupilas, las cuales producen una aberración en la luz capaz de darles cierta información sobre los colores.

Referencias (mla):

Por: Ignacio Crespo