¿Sabes que es la crisis de la mitad de la vida?

descarga (5)Muchas investigaciones aseguran que es inevitable que entre los 35 y los 55 años se pase por “un bajón emocional”. Es parte de un mecanismo orgánico.

Uno de los principales descubrimientos de Andrew Oswald, profesor de economía de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, tiene que ver con simios. Economista de formación, Oswald lleva años estudiando la relación entre la felicidad y el trabajo y contribuyendo al desarrollo de una nueva rama de la economía que se centra en el bienestar de las personas. Y en 2012, tras décadas de trabajo, fue —junto a primatólogos y psicólogos— uno de los autores de un artículo que indica que chimpancés y orangutanes, al igual que los seres humanos, experimentan una crisis en la mitad de la vida. «Es muy importante —dice hoy desde Inglaterra—. Porque eso sugiere que ésta no es causada por aspectos de la vida moderna. Es en parte biológica, está fuera de nuestro control».

Fue el psicólogo canadiense Elliott Jacques quien acuñó el término de «crisis de la mediana edad» en los años 60. Lo hizo fundándose en los estudios clínicos que había realizado con pacientes que sufrían de depresión y ansiedad frente a la perspectiva de envejecer. La expresión no demoró en popularizarse. Hoy es parte del lenguaje común, pero en laboratorios del mundo, decenas de investigadores —economistas, sociólogos, psicólogos, neurocientíficos— están estudiando el tema desde diferentes perspectivas. Buscan entender mejor qué ocurre en ese período y analizar el efecto que ha tenido el aumento de la esperanza de vida que sitúa hoy esa etapa entre los 35 y los 55 años.

Al conversar con algunos de ellos queda claro el respaldo científico que le dan al fenómeno. Andrew Oswald no usa la palabra «crisis». Habla de la existencia de «una curva en forma de U» en los niveles de satisfacción de la gente a lo largo de la vida, que «alcanza su punto más bajo como a los cuarenta y tantos». El descenso de los niveles de felicidad en las personas, afirma, disminuye drásticamente entre el final de los 30 y el comienzo de los 50 para volver a aumentar después. «El tiempo de la felicidad en la vida en Gran Bretaña y Estados Unidos —asegura— se da en las personas de 70».

IMPERATIVO BIOLÓGICO.

Christine Northrup, experta en salud de la mujer, es conocida por gran parte del público estadounidense. En los últimos años, ha participado en distintos shows televisivos —incluyendo el de Oprah Winfrey—, dado charlas en todo el país, y publicado varios libros que han figurado en la lista de los más vendidos del New York Times.

Ginecóloga de formación, su trabajo apunta hoy a promover la salud desde la unión entre el cuerpo, las emociones y la espiritualidad. Desde esa perspectiva, está convencida de que la mediana edad es el momento en que las personas reciben un «llamado de alerta».

«Generalmente a los 45 años caes realmente en cuenta de que no eres inmortal. Puede que te hayas enfrentado a la muerte de un amigo, a la enfermedad y pérdida de uno de tus padres, y que tengas algunos problemas físicos tú también. Ahí es cuando la gente empieza a pensar no tengo tiempo que perder, necesito empezar a vivir desde mi centro. Ese es el llamado de alerta», dice por teléfono.

Según Northrup este momento de reenfoque de las prioridades también tiene que ver con la biología humana y está vinculado con los cambios hormonales que se dan tanto en hombres como en mujeres, pero que suelen ser más notorios en ellas. Como a los 45, cuando se acercan a la menopausia, empiezan a producir mucho más estrógeno que progesterona, una hormona naturalmente tranquilizante. Ese exceso de estrógeno, cuando existe estrés, empieza a metabolizarse en las mismas vías que las hormonas del estrés, como el cortisol y la epinefrina. «Y eso crea aún más hormonas del estrés —dice—. Además, estas hormonas producen metabolitos que empiezan a despertar la amígdala y el preencéfalo basal, que corresponden a las partes donde se almacenan los recuerdos más profundos, los más primarios». Las mujeres, dice Northrup, se reconectan con esos recuerdos y empiezan, inevitablemente, a hacer el balance de sus vidas.

«Tenemos una especie de imperativo biológico de ponernos más introspectivas, reevaluar nuestra vida y empezar a funcionar más desde nuestro centro. La crisis es simplemente una crisis de autodesarrollo, de hecho las mujeres que han tenido una vida satisfactoria no lo viven como una crisis, sino que empiezan a escucharse más».

La especialista agrega que los hombres viven un proceso similar. Sus niveles de testosteronas disminuyen y los de estrógeno aumentan, lo que, según Northrup, también los lleva vivir un posible bajón y un retraimiento sobre sí mismos.

A los 62 años, Rick Hanson, neuropsiquiatra, becario del Greater Good Science Center de la Universidad de Berkeley y autor, entre otros libros, de Hardwiring Happiness (Programando la felicidad), recuerda perfectamente esa etapa de introspección. «En mis 40 y 50 sentía que tenía más capacidades intelectuales que las que estaba usando y para mí fue importante encontrar un canal o una manera de dejar fluir libremente todo lo que había mantenido encapsulado dentro de mí. Me di cuenta de que tenía que salirme de mi cabeza y prestarle más atención a mi corazón y mi cuerpo», dice.

Para dar cuenta del momento que vivió, Hanson evoca la teoría del psicoanalista experto en psicología del desarrollo Erik Erikson, quien decía que, entre los 40 y los 60 años, los individuos pasan por una etapa de tensión entre «generatividad y estancamiento». En ese período, generalmente dedicado a la crianza de los hijos, el desafío es lograr un equilibrio entre el ser productivo y el estancamiento, concebido como la falta de tiempo para uno mismo. «La generatividad es sentir que das frutos y que de alguna manera eres productivo en vez de sentirte atrapado o como un robot que pasa por las mismas rutinas todos los días. Lo importante es buscar maneras de aprender, crecer, contribuir y sentir que estamos usando todas nuestras capacidades. Hay una fuerza vital detrás de eso», dice el experto.

CONTRAPESO.

A pesar de las bases biológicas de la crisis de la mediana edad, los expertos coinciden en decir que esta no tiene que ser necesariamente un período de profundo malestar. Hay maneras de vivirlo de una forma más positiva.

Por el mismo funcionamiento del cerebro, Hanson enfatiza que es importante prestarle atención a las experiencias beneficiosas y ayudarles a asentarse porque hacerlo «es la principal vía para hacer crecer la fuerza y las emociones positivas dentro de uno». «Cuando llegan esos desafíos (los de la crisis de los 40), mientras más recursos tenemos dentro de nosotros mismos, más capaces seremos de poder enfrentarlos bien. Además, la llamada crisis de la mediana edad puede llegar de muchas formas. A veces se trata solo de darse cuenta de que uno se estancó en su carrera, porque no hizo un doctorado o puede que se haya casado a los 25 y a los 45 sienta que esa relación ya se agotó. O puede que se dé cuenta de que tiene una estructura de personalidad que lo hace ser muy controlador o enrabiado. Así que creo que identificar el tipo de crisis de la mediana edad por la que uno está pasando ayuda mucho, porque facilita el encontrar maneras de enfrentarla mejor», dice.

El mismo Andrew Oswald reconoce que aunque sus estudios indiquen que este bajón tiene un origen biológico, es posible enfrentarlo más o menos bien. «No podemos evitar del todo la influencia del bajón de la mitad de la vida: lo que se puede hacer es tener otras buenas cosas para tratar de hacerle contrapeso», dice.

«Si uno le presta atención a las pequeñas señales que nos dan el cuerpo y la mente, no necesariamente hay una crisis. Simplemente se cambia la dirección del camino elegido», agrega Northrup.

La médica recuerda además que, al pasar esa etapa, se llega a otra que muchos consideran como insuperable. «Yo diría que después de los 50 vives el mejor momento de tu vida y la razón de eso es que realmente sabes lo que es importante. Ya no te dejas llevar por tu ego. Sabes que lo importante son las relaciones, son las cosas que te traen alegría. Uno quiere vivir cómodamente, el perseguir y conseguir cosas ya no es lo esencial», resume.

Es cada vez más contundente la investigación que apoya su teoría. En un estudio del año 2011 la psicóloga de la Universidad de Stanford Laura Cartensen situó el pico de la vida emocional después de los 70. La última etapa de la vida, explican los especialistas, es cuando disminuyen los niveles de estrés, las personas se dan cuenta de que les queda menos tiempo, e invierten en lo que más los gratifica.

A partir de los 60, se siente más serenidad

Andrew Oswald empezó a estudiar la crisis de la mediana edad en los años 90 y ha realizado desde entonces numerosos estudios. En 2008 publicó, junto a David Blanchflower, un trabajo en el que identificaron una relación entre edad y felicidad. Notaron que en 72 países la satisfacción con la vida disminuía entre los 39 y los 57 para volver a subir después. En 2012, realizaron otra investigación en 27 países europeos que les reveló que las personas de 40 y tantos tenían casi el doble de probabilidades de usar antidepresivos que el resto de la población. Identificaron patrones similares en México y en dos estados de Estados Unidos. Y ese mismo año, publicaron un paper sobre los simios en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences donde describían haber identificado un bajón en 508 monos que se encontraban en la mitad de sus vidas: «Nuestros resultados implican que la curva del bienestar humano no es único a los humanos y que, aunque pueda explicarse en parte por aspectos de la vida y sociedad humana, su origen puede venir en parte de la biología que compartimos con simios más cercanos a nosotros», dice el artículo. Oswald insiste: «La curva llega a su punto más bajo como a la mitad de la década de los 40. Yo lo experimenté y creo que es importante identificar estos patrones por razones científicas. Explicarle esto a la gente puede ayudarlos a sobrevivir a la mediana edad».

La neurociencia asegura que después de los 60 hay beneficios para el cerebro. El neuropsiquiatra Rick Hanson explica: «El estrés siempre es malo para el cerebro. Lo es tanto a los 20, que son años de mucho estrés, como a los 30 o 40. Pero cuando la gente llega al final de la mediana edad, especialmente a los 60, reporta menos estrés. Suele tener mayor seguridad económica y se ha reconciliado con cosas que la atormentaban, se ha estabilizado, sus hijos se han ido de la casa, ha ascendido en su trabajo y se siente más competente. Por eso, se sienten más felices y serenos».