¿Sabes qué velocidad debe alcanzar un avión para despegar y sostenerse en el aire?

Junto con la aerodinámica, la velocidad es uno de los elementos más importantes que permiten que se pueda producir una maravilla tecnológica como es la aviación

Cristóbal Colón partió desde el Puerto de Palos el 2 de agosto, y tocó tierra el 12 de octubre del año 1492. Es decir, que la Pinta, La Niña y la Santa María cruzaron el Océano Atlántico en nada más y nada menos que 2 meses y 10 días. Y todo eso además enfrentándose a inclemencias de toda índole, además de tener que lidiar también con los terribles peligros que siempre entrañó el navegar en alta mar con tres embarcaciones que guardaban más parecidos con una canoa que con un buque moderno.

Si ese mismo viaje se hiciese hoy, se tardarían -aproximadamente- unas 8 horas. Lo que solo puede entenderse como uno los milagros más destacados que ha producido el genio humano en algún momento de la historia de nuestra especie.

Y además de al enorme salto tecnológico, otro aspecto al que también deberíamos prestar atención es a la democratización de la propia tecnología aeronáutica. La revolución del transporte aéreo que ha vivido la humanidad desde mediados del siglo pasado, la ha cambiado para siempre y ha permitido que estemos más “conectados” que nunca.

Hace cincuenta años, esta tecnología era un todo un lujo, reservado únicamente a las clases más pudientes y a los ejecutivos de unas pocas empresas. Pero la “mano invisible” hizo lo suyo. La implacable competencia a la que las aerolíneas se han tenido que enfrentar para quedarse con un “pedazo del pastel”, ha forzado una continua bajada en los precios de los pasajes; lo que ha dado como resultado que -a día de hoy- hasta las rentas más bajas de la mayoría de países puedan permitirse viajar a cualquier lugar del mundo en un cuestión de unas horas.

¿Qué velocidad alcanza un avión?

Junto con la aerodinámica, la velocidad es uno de los elementos más importantes que permiten que se pueda producir una maravilla tecnológica como es la aviación. Si un avión no pudiese alcanzar ciertas velocidades, no sería capaz de separar sus 200 o 300 toneladas de peso del suelo y tampoco sería capaz de sostenerse en el aire. Eso hace que preguntarse por la velocidad que alcanza un avión sea algo más que una mera cuestión anecdótica.

Cuando hablamos de la velocidad de la aeronave, hay muchas variables que debemos tener en cuenta, como los vientos que harán resistencia durante el vuelo, la ruta que el avión deba transitar o las propias especificaciones técnicas de la aeronave.

Podríamos limitarnos a decir que -en condiciones normales- un avión viaja a una velocidad media de unos 885 o 933 kilómetros por hora. Sin embargo, aquí camben muchos matices que deberíamos explorar, porque no es lo mismo la velocidad media de despegue, la velocidad de crucero o la velocidad que debe coger el avión para aterrizar con seguridad.

Velocidad de despegue

Solamente después que el avión ya ha alcanzado una cierta velocidad, puede finalmente despegar. Y eso varía mucho en función de densidad del aire, la inclinación de las alas, el peso de la aeronave (combustible, mercancías y pasajeros incluidos) o las condiciones de la pista. En general, la velocidad promedio de los modelos comerciales está entre los 250 y los 290 km/h.

Velocidad de crucero

La velocidad de crucero es el nombre por el que se conoce a la velocidad que el avión mantiene durante la mayoría del trayecto cuando las condiciones son normales. Es decir, si no existen perturbaciones climáticas, si no existen variaciones de altura o si no existe una resistencia de vuelo anormal. La velocidad de crucero de las aeronaves comerciales y de pasajeros se suele situar entre los 850 y los 950 kilómetros por hora.

Velocidad de aterrizaje

En este momento, la prioridad es bajar la velocidad gradualmente hasta el punto en el que sea seguro que el tren de aterrizaje pueda entrar en contacto con el suelo sin saltar por los aires. El avión desplegará los flaps, que son esas “aletas” situadas en las alas que sirven para crear resistencia con el viento; lo que ayudará a disminuir la velocidad hasta alcanzar los 240 o 250 kilómetros por hora en el momento de tocar tierra; que irá bajando rápidamente en la pista hasta pararse por completo.