¿Será que podría caerse la Luna?

Un fotograma de «Moonfall»

La película Moonfall ha despertado la imaginación de algunos espectadores y, con ello, la duda de si la Luna podría caer sobre nosotros.

Los galos de Goscinny y Uderzo temían que el cielo les cayera encima. Los cómics de Astérix y Obélix tenían una buena dosis de humor y esta exageración tan extravagante contribuía a ello. Pretendía evocar a un tiempo donde todavía no entendíamos la naturaleza del cielo estrellado, pero si lo pensamos, por mucho que hayan descubierto los astrónomos, cosmólogos y astrofísicos, la gran mayoría de la población sigue desconociendo esa naturaleza. Sabe de algunos datos puramente declarativos, como que el Sol es una estrella o que hay varios planetas en torno a él, pero no conocen su historia ni las reglas que los rigen. Precisamente por eso, una película tan fantasiosa como Moonfall puede hacer que algunas personas tomen en serio la posibilidad de que la Luna colisione con nosotros. En el fondo, no es tan diferente de esa amistosa burla a la ignorancia de los galos, temerosos de que el cielo se viniera abajo.

Una respuesta rápida, para tranquilizar a quien pueda estar realmente preocupado es que no, no puede caer. Por supuesto, una afirmación tan rotunda en ciencia es conflictiva y siempre debe dejarse margen al error, pero era la respuesta corta y, en la práctica, dice lo mismo que si hubiéramos escrito lo siguiente: a pesar de haberlo investigado en profundidad y tener vigilados a todos los grandes asteroides, cometas y meteoroides que conocemos, no parece existir ningún mecanismo que pueda desestabilizar a la Luna para precipitarla sobre nosotros, de hecho, la Luna se aleja un poco cada año. Podríamos afinar más e indicar que con eso de “existir” nos referimos a que no conocemos nada con una masa, velocidad y trayectoria tal que pueda chocar con la Luna y sacarla de su órbita, por mucho que podamos elucubrar sobre desconocidos planetas errantes. No obstante, incluso en esos casos de grandísimos cuerpos ignotos que pululen por el espacio, habría un problema, y es que nuestra gravedad y tamaño hacen mucho más posible que colisionen con nosotros que con la Luna. Pero vayamos por partes.

La Luna fue parte de nosotros

Antes que nada, tal vez convenga aclarar algunos aspectos de la Luna, porque su tamaño, su distancia y de dónde viene son datos clave para comprender qué podría sacarla de su órbita. Empecemos con su tamaño, puede que podemos intuirlo, pero sugiero que pares un momento y anotes la distancia a la que crees que se encuentra, para ello ten en cuenta que nuestro planeta tiene 12.742 kilómetros de diámetro, más o menos. ¿Lo tienes? Pues ahora que no puedes retractarte, posiblemente te sorprenda saber que la distancia es de 393.499. Entre nosotros y la Luna cabrían otras 30 Tierras y eso significa que está mucho más lejos de lo que la gente piensa, una pequeña desviación en su órbita no tiene por qué significar que vaya a venir necesariamente hacia nosotros, cabría incluso la remota posibilidad escapara de nuestra órbita.

Y ahora, en cuanto a su tamaño, te proponemos hacer lo mismo. Sabiendo que nuestro planeta mide 12.742 kilómetros de diámetro… ¿Cuánto crees que mide la Luna? La respuesta tal vez sea menos sorprendente que su distancia, pero también desconcertará a más de uno, porque tiene un diámetro de 3.474 kilómetros. Eso significa que la Tierra es solo algo más de 3 veces y media más grande que la Luna. Ahora ya nos hacemos una idea de las magnitudes, pero falta algo, hemos de saber de dónde viene para comprender hacia dónde va. No sabemos con certeza cómo se formó la Luna, pero una de las principales hipótesis plantea que hace 4500 millones de años, un primitivo planeta a medio formar (un protoplaneta), chocó con nosotros. Ha sido bautizado como Tea por la titánide griega del mismo nombre, posiblemente como una alusión a su considerable tamaño, comparado normalmente con Marte, por lo que rondaría los 6.779 kilómetros de diámetro. Aquella colisión hizo que salieran despedidos fragmentos de nuestro planeta y del propio Tea que, con el tiempo, terminarían agregándose en un cuerpo en una órbita estable en torno a nosotros, una compañera planetaria a la que bautizaríamos como Luna.

La Luna se escapa

Parece intuitivo suponer que, dado que las masas se atraen, la gravedad de la Tierra sobre la Luna y de la Luna sobre la Tierra deben de estar atrayéndola hacia nosotros. Sin embargo, podemos estar tranquilos por varios motivos que repasaremos históricamente. El primero es que no se ha percibido que se acerque, de hecho, la humanidad se preguntó durante mucho tiempo por qué no caía la Luna y fue con Newton cuando descubrimos que las mismas fuerzas que actúan sobre nuestro diminuto mundo terrestre, son las que rigen a la Luna, la gravedad había entrado en juego rompiendo esa diferencia entre el mundo supra y sublunar. Terminamos entendiendo que la velocidad a la que la Luna orbita equilibra esa fuerza de gravedad, manteniéndola estable, atrapada en nuestra órbita, como una boleadora.

Sin embargo, parece ingenuo creer que exista un perfecto equilibrio entre estas magnitudes y, aunque existiera, la energía cinética se pierde, la curva que describe la Luna hace que poco a poco decelere y, si su velocidad baja, cabría pensar que la gravedad terminará venciendo. La buena noticia es que ese no es el caso y, por lo tanto, no se está acercando hacia nosotros. La mala es que tampoco es bueno que se aleje. Sabemos que, de hecho, la Luna se está alejando de nosotros unos cuatro centímetros al año, ralentizando nuestro giro y haciendo nuestros días más largos. Es más, se estima que hace 1400 millones de años los días duraban poco más de 18 horas. Se cree que la Luna ha sido clave para la formación de la vida, tanto por sus mareas como la labor de escudo que nos brinda, deteniendo los impactos de metoroides y asteroides que han picado de viruela su cara oscura, así que tampoco es buena idea que se aleje, pero como vemos, la colisión con nuestro satélite se presenta poco a poco como menos probable.

Y finalmente, solo para terminar de tranquilizar a quien estuviera genuinamente preocupado: existen iniciativas que se encargan de tener vigilados en todo momento los objetos potencialmente peligrosos y, si bien no se espera que ninguno de ellos colisione con la Luna o con nosotros, aunque lo hiciera sabemos que no tendría la masa suficiente como para suponer un problema a su órbita. Podemos imaginarlo como un camión bien cargado que circula por la autopista a toda velocidad, mientras el conductor no de un volantazo no hay vehículo que pueda sacarle de su carril, el impacto apenas le movería porque su inercia es descomunal. Así que disfrutemos del cine, pero no caigamos en quijotadas y mantengamos bien separada la realidad de la ficción.

Hay que entender que existe una diferencia entre criticar la calidad cinematográfica de una película basándose en unos criterios de rigor científico que nunca han tratado de seguir y aprovechar las implicaciones científicas de una película para explicar conceptos relevantes o que despiertan interés entre el público. Es clave entender que, en ese segundo caso (y es la perspectiva con la que está escrito este artículo) no se aborda la dimensión artística o puramente cinematográfica de la película, sino aspectos accesorios de la misma, que resultan ser de carácter científico.

Por: Ignacio Crespo