Te decimos qué tipo de ejercicio físico es mejor para combatir la prediabetes

Recientemente ha concluido una revisión sistemática de los resultados de más de un millar de investigaciones sobre la aportación del ejercicio físico a la prevención de la prediabetes.

La revisión es obra del equipo de Ivonne Carolina Hernández Bermúdez, magíster en Fisioterapia del Deporte y la Actividad Física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Actividades como bailar y caminar, alternadas con rutinas de entrenamiento –entre 4 y 5 veces por semana–, de pectorales, abdominales o cuádriceps –entre otros grandes grupos musculares–, podrían influir significativamente en la disminución de la concentración de glucosa en sangre en los pacientes con prediabetes.

La prediabetes se da cuando una persona tiene un nivel elevado de azúcar en sangre, pero no lo suficiente para ser diabetes.

Generalmente en ayunas este nivel de azúcar está entre 100 y 125 miligramos por decilitro (mg/dL), y por encima de este valor ya se considera diabetes tipo 2, enfermedad que se ha convertido en uno de los principales problemas de salud mundial, pues con ella aparecen complicaciones crónicas en el sistema vascular, es decir en arterias, venas y vasos sanguíneos, que inciden en la calidad de vida de las personas.

En estos pacientes, el ejercicio físico se convierte en una alternativa diferente a los medicamentos para prevenir la prediabetes.

“Además, cuando se practica acompañado de buenos hábitos alimentarios, es un buen predictor de control y regulación del azúcar en sangre, así como de la disminución del índice de masa corporal (IMC), medida de asociación entre el peso y la talla de una persona, utilizada para estimar la obesidad”, explica la magíster.

Hernández tuvo acceso a 1.400 estudios. Algunos de ellos incluían las variables analizadas en la nueva investigación, como por ejemplo la glucosa plasmática en ayunas (prueba que mide el nivel de glucosa en la sangre en un momento concreto), y variables secundarias como la hemoglobina glucosilada (concentración de azúcar en sangre) y la glucosa posprandial (nivel de glucosa en sangre tras las comidas), además de características como el peso y el índice de masa corporal (IMC).

“A partir de ahí hicimos una base de datos con la información más relevante –teniendo en cuenta año, país, población, autores y variables– a la que se le aplicó un análisis estadístico”.

La actividad física se caracterizó en tres grupos principales de ejercicio: el ejercicio aeróbico continuo, el cual tiene porcentajes de intensidad entre el 70 y 75% de la frecuencia cardiaca máxima de una persona; el ejercicio aeróbico interválico con una intensidad entre el 85 y 90%; y el ejercicio aeróbico de resistencia, que son ejercicios de fuerza que involucran grandes grupos musculares con un porcentaje de intensidad mayor al 50%.

A partir de esa clasificación se encontró que los niveles de glucosa en la sangre en un momento concreto disminuyen principalmente en los pacientes que hacen ejercicios interválicos, mientras que los ejercicios que tenían entrenamiento de resistencia tuvieron un efecto protector ante la concentración de azúcar en sangre.

“El principal impacto del ejercicio físico es que es un programa económico y al alcance de todos, incluidos los pacientes y profesionales de la salud que lo recomiendan como una alternativa eficaz. Sin embargo, el desconocimiento sobre qué prescribir o cómo hacerlo, hace que no se le dé la importancia que merece”, concluye la magíster.