Tras años de polémica sobre cómo sustituir a las Torres Gemelas, empieza el ambicioso proyecto urbanístico en el bajo Manhattan

Estados Unidos es un país que construye y avanza bastante rápido. Un buen ejemplo fue la reconstrucción del Pentágono tras los extensos daños sufridos en el 11-S, con unas obras terminadas antes de lo previsto y, para colmo, por debajo de lo presupuestado. Pero el maldito solar dejado por las Torres Gemelas en el bajo Manhattan no se ha beneficiado de toda esa expeditiva arquitectura americana. Años de polémica y batallas burocráticas sobre qué hacer en lugar del World Trade Center han dificultado un proyecto que finalmente empieza a cobrar forma.

Aunque la planificación de este ambicioso proyecto urbanístico empezó casi inmediatamente después de la ofensiva terrorista de Al Qaida, hace tan sólo un par de años era bastante difícil imaginarse cómo Nueva York iba a recuperar su desdentado perfil a partir de un terreno polvoriento en verano y un profundo lodazal en invierno. Ahora existen evidencias y previsiones viables de que todo este alarde de construcción se complete para el décimo aniversario del 11-S.

Las obras en el bajo Manhattan incluyen cinco edificios comerciales nuevos, con dos rascacielos en construcción, un enorme intercambiador de transporte público, un memorial de 30.000 metros cuadrados en el que ya se han empezado a plantar los primeros cuatrocientos robles previstos, la mayor cascada artificial de Estados Unidos, dos estanques en las superficies ocupadas por las “Twin Towers” y un museo subterráneo que contendrá la simbólica última columna de esas torres. Con detalles que el público ya puede visitar y financiar con donativos.

En el 2004, todas las montañas de escombros mezcladas con restos humanos fueron finalmente retiradas del solar propiedad de Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. Y por la misma rampa improvisada que utilizaron los equipos de rescate empezaron a descender los primeros trabajadores de la construcción. Ahora, las obras dan trabajo a más de dos mil obreros con jornadas laborales que se extienden también a los fines de semana.

Un pequeño bosque de grúas confirma en la actualidad el progreso a un ritmo casi imparable de las obras, a pesar de un invierno especialmente duro. Como resultado, la llamada Torre de la Libertad con un presupuesto de 3.200 millones de dólares ha alcanzado ya su piso número 36 en una especie de carrera hacia el ideal superior de construir frente a la pesadilla de destruir.

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