Un experimento asegura que los bebés confían más en las personas con las que intercambian saliva

Un curioso experimento publicado en ‘Science’ muestra que los niños esperan más ayuda de aquellos que comparten babas en besos, comida o limpieza

Neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han descubierto una señal que los bebés utilizan para identificar a las personas de más confianza, aquellas con las que pueden contar, sin ninguna duda, para recibir ayuda y cuidados. Para los niños, según los investigadores, la saliva es clave. El hecho de compartirla en besos, comidas o limpieza supone establecer un vínculo estrecho. No resulta una práctica muy higiénica en estos tiempos de pandemia, pero los más pequeños aprenden muy pronto que donde hay babas hay confianza.

En el nuevo estudio, publicado en la revista ‘Science’, los investigadores demostraron que los bebés esperan que las personas que comparten saliva se ayuden entre sí cuando una de ellas está angustiada, mucho más que cuando las personas comparten juguetes o interactúan de otras maneras que no involucran el intercambio de saliva.

Los hallazgos sugieren que los bebés pueden usar estas señales para tratar de descubrir quién a su alrededor es más probable que les ofrezca ayuda.

«Los bebés no saben de antemano qué relaciones son las más cercanas y moralmente vinculantes, por lo que deben tener alguna forma de aprender esto observando lo que sucede a su alrededor», dice Rebecca Saxe, miembro del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro del MIT y autora principal del nuevo estudio.

Títeres angustiados

En las sociedades humanas, las personas suelen distinguir entre relaciones estrechas o distantes. Las primeras, que generalmente se encuentran entre miembros de la familia, presentan fuertes niveles de apego, obligación y capacidad de respuesta mutua. Los antropólogos también han observado que las personas en relaciones estrechas están más dispuestas a compartir fluidos corporales como la saliva.

Los investigadores se preguntaron entonces si los bebés distinguen este tipo de relaciones y si compartir saliva puede ser una pista buena para reconocerlas. Para responder a estas cuestiones, observaron a bebés desde los ocho meses al año y medio mientras veían un ‘show’ preparado con títeres y actores humanos.

En la primera serie de experimentos, un títere compartió una naranja con un actor y luego lanzó una pelota de un lado a otro con otro actor. Después de que los niños observaran estas interacciones iniciales, los investigadores se fijaron en sus reacciones cuando el títere mostraba angustia mientras estaba sentado entre los dos actores. Con base en un estudio anterior con primates no humanos, los investigadores plantearon la hipótesis de que los bebés mirarían primero a la persona de la que esperaban ayuda. Ese estudio mostró que cuando las crías de mono lloran, otros miembros del grupo miran a los padres del bebé, como si esperaran su intervención.

En el experimento, los investigadores descubrieron que, cuando el títere mostraba angustia, era más probable que los niños miraran hacia el actor que había compartido comida con el títere, no hacia el que había compartido un juguete.

En una segunda serie de experimentos, diseñada para enfocarse más específicamente en la saliva, el actor colocaba su dedo en su boca y luego dentro de la boca del títere, o colocaba su dedo en su frente y luego en la frente del títere. Más tarde, cuando el actor expresó angustia mientras estaba de pie entre los dos títeres, era más probable que los niños que veían el vídeo miraran hacia el títere con el que había compartido saliva. Para ellos, estaba claro que ese es el que tenía que echar una mano.

Señales sociales

Los hallazgos sugieren que compartir saliva es probablemente una señal importante que ayuda a los bebés a aprender sobre sus propias relaciones sociales y las de las personas que los rodean.

«La habilidad general de aprender sobre las relaciones sociales es muy útil», dice Ashley Thomas, del MIT y autora principal del estudio. «Una de las razones por las que esta distinción entre relaciones estrechas y distantes podría ser importante para los bebés en particular, especialmente para los bebés humanos, que dependen de los adultos durante más tiempo que muchas otras especies, es que podría ser una buena manera de averiguar quién más puede brindar la ayuda de la que dependen para sobrevivir».

Los investigadores realizaron su primer conjunto de estudios poco antes de que comenzaran los confinamientos por el Covid-19, con bebés que acudieron al laboratorio con sus familias. Los experimentos posteriores se realizaron a través de Zoom. Los resultados que vieron los investigadores fueron similares antes y después, lo que confirma que los problemas de higiene relacionados con el coronavirus no afectaron el resultado.

«Podías preguntarte, ¿los niños comenzaron a pensar de manera muy diferente acerca de compartir saliva cuando de repente todos hablaban de higiene todo el tiempo? Entonces, para esa pregunta, es muy útil que tuviéramos un conjunto de datos inicial recopilado antes de la pandemia», dice Saxe.

En un futuro, los investigadores esperan realizar estudios similares con bebés de culturas que tienen diferentes tipos de estructuras familiares.