En Canadá encontraron que los jóvenes que envían muchos mensajes de texto durante el día tienden a preocuparse menos por asuntos importantes de la vida y a filosofar sobre ella

Julia tiene 17 años y se la pasa, como todos los jóvenes de su edad, enviando mensajes de texto a sus amigos y familiares. Si la observas, siempre está mirando su teléfono y tecleando con los dedos a toda velocidad. Enviar mensajes de texto o “textear” ( de to text, en inglés) es simplemente, su forma de comunicación principal. Julia no está sola. Millones de adolescentes y otras personas en el mundo, han decidido que es más efectivo y rápido enviar estos mensajes que hacer una llamada para hablar o encontrarse cara a cara.  Algunos jóvenes hasta se molestan cuando envían un mensaje de texto y la otra persona, en lugar de enviarles uno en respuesta, decide llamarlos. Julia lo dice “ ¡Si le mandé un texto es para que no me llame!”.

Esto demuestra con evidencia que la comunicación por texto es el método preferido entre los adolescentes y sus amigos. Según datos publicados por el Centro de Investigación Pew en el 2010, el 72% de los adolescentes usan este mecanismo para comunicarse. Pero más que tener unos dedos muy ágiles, enviar mensajes de texto puede indicar que eres una persona superficial.  Por lo menos así lo concluye un nuevo estudio realizado por unos psicólogos de la Universidad de Winnipeg en Canadá.

Según los psicólogos canadienses que analizaron durante 5 años la frecuencia de mensajes de texto entre 2,200 jóvenes de 18 a 22 años, que mandan un promedio de 200 a 300 textos al día, tienden a ser más materialistas, a reflexionar menos y a preocuparse en menor escala por su crecimiento interior. Además, aquellos adolescentes que envían mensajes de texto con frecuencia, demuestran estar más interesados en su imagen y en el dinero, que aquellos que no mandan textos con la misma frecuencia.

Otros especialistas de Estados Unidos que analizaron este estudio, dijeron que los investigadores canadienses observaron al cerebro en su estado de silencio y quietud,  y así concluyeron que las distracciones externas de este tipo de comunicaciones hacen que no haya tiempo para reflexionar sobre la moral, la ética, las emociones e incluso, las consecuencias de ciertas situaciones. Es posible, según los psicólogos, que estos jóvenes que envían mensajes de texto de manera casi compulsiva, hayan caído en el hábito de pensar en todo de manera superficial.

Pero en este mundo lleno de distracciones para los jóvenes, ¿qué pueden hacer los padres para promover que sus hijos tengan tiempo para estar tranquilos y que se pongan a pensar? Idealmente, acostumbrarlos a tener momentos en el día en los cuales están lejos de la televisión, el teléfono, la computadora y cualquier otro tipo de distracción para la mente. Esos momentos de tranquilidad permitirán que los adolescentes tengan tiempo para reflexionar y que logren tener una vida interior mucho más rica.

 

 

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