Un satélite europeo ha captado una de las vistas más lindas que se hayan conseguido de la Tierra y del efecto que la gravedad ejerce sobre ella

Así se ve el imaginario mapa del tirón de la gravedad.

El novedoso mapa muestra la influencia, sutil pero generalizada, de esa fuerza en todo el planeta y nos dice dónde está el «arriba» y el «abajo».

Está diseñado a partir de precisas mediciones llevadas a cabo por el satélite Goce, que vuela tan bajo que corre el peligro de caerse del cielo.

Los científicos dicen que la información recabada por el aparato tendrá numerosas aplicaciones.

Los beneficios más claros serán para los estudios del clima, porque el geoide puede ayudar a los investigadores a entender mejor cómo la gran masa de agua oceánica traslada el calor por el mundo.

El nuevo mapa fue presentado en Noruega, en un simposio sobre la observación de la Tierra (OT) dedicado a la información conseguida por Goce y otras misiones de la Agencia Espacial Europea.

Europa desarrolla un amplio programa de OT que contempla el lanzamiento de unas 20 misiones, con un costo de casi US$10.000 millones, proyectadas para antes de fin de la década.

Lanzado en 2009, el satélite recorre de polo a polo a una altitud de casi 255 kilómetros, la órbita más baja de cualquier aparato científico similar en operaciones.

El Goce transporta tres pares de bloques de platino, construidos con altísima precisión, dentro de su radiómetro, instrumento capaz de detectar aceleraciones tan pequeñas como una parte en diez billones de la gravedad experimentada en la Tierra.

Esto le ha permitido diseñar un mapa de las casi imperceptibles diferencias en la atracción ejercida por la masa del planeta en distintos puntos, desde las grandes cadenas de montañas a las más profundas fosas oceánicas.

Dos meses de observaciones han ido a parar a lo que los científicos llaman el geoide.

«Me parece que todos entienden lo que es un nivel en los trabajos de construcción. Un geoide no es más que un nivel que se extiende a toda la Tierra», explica el profesor Reiner Rummel, director del consorcio científico Goce.

Si se coloca una esfera en esta superficie hipotética, ésta no rodará aunque parezca que hay «inclinaciones». Éstas pueden ser apreciadas en los colores, que marcan cómo el nivel diverge de la representación generalizada (y elipsoidal) de la Tierra.

En el Atlántico Norte, alrededor de Islandia, el nivel se asienta a unos ochenta metros sobre la superficie del elipsoide. En el Océano Índico, se establece a unos 100 metros por debajo de él.

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