Una de cada cinco personas sufre depresión en algún momento de su vida y los deportistas no son la excepción

Cuando hace algunos días Michael Yardy regresó de la Copa Mundial de Cricket argumentando depresión, pasó a formar parte de una larga lista de deportistas famosos que tomaron la decisión de buscar ayuda por un problema psicológico.

En 2006 el británico Marcus Trescothick abandonó el torneo de críquet conocido como The Ashes (una competencia en la que se enfrentan Australia e Inglaterra). En ese momento, se dijo que el jugador se había retirado debido a una «enfermedad relacionada con el estrés».

Poco después, Trescothick escribió un libro en el que relata su lucha contra la depresión.

En una entrevista que concedió a un programa de deportes en 2009 confesó que, en algún momento, llegó incluso a pensar en lastimarse a sí mismo para demostrar que tenía un problema.

«Consideré hacerme daño para mostrarle a la gente lo mucho que estaba sufriendo», dijo el jugador.

«Si tienes una pierna rota te colocan un yeso y la gente puede darse cuenta de que tienes un problema. Pero cuando tienes un problema psicológico, no hay nada que lo haga visible y que muestre que necesitas ayuda», añadió Trescothick.

Sentimientos escondidos

El boxeador británico Frank Bruno, el irlandés Neil Lennon, Director Técnico del equipo de fútbol Celtic, y el jugador de rugby neozelandés John Kirwan también hablaron abiertamente de su depresión.

Admitir que existe un problema es algo extremadamente difícil para un deportista. Una de las razones es que están preparados para ser -y mostrarse- fuertes, tanto física como mentalmente.

Pese a eso, Michael Yardy se atrevió a explicar por qué se retiraba del campeonato de críquet. «Sentí que era la única opción razonable y quería ser honesto en cuanto a los motivos que me impulsaron a tomar esa decisión», señaló el jugador.

Si una de cada cinco personas sufre de de presión en algún momento de su vida, no resulta sorprendente entonces que los deportistas famosos también se vean afectados por este problema.

Según Ian Maynard, profesor de Psicología del Deporte de la Universidad de Sheffield Hallam, en el Reino Unido, el hecho de que los deportistas no sean por lo general personas acostumbradas a manifestar sus emociones, no ayuda.

«(Los deportistas) no van por ahí mostrando lo que sienten porque eso puede causarles problemas en la competencia. Por eso, tienden a ser más cerrados y presentan una imagen más dura».

Lejos de la familia

Mientras que algunos deportistas tienen la capacidad de separar el trabajo de lo que sucede alrededor y hacer que la realidad no afecte su desempeño, otros no pueden hacerlo. Y ahí es donde se origina el problema.

En el caso del críquet, por ejemplo, aunque también en muchos otros deportes, los jugadores salen de gira por un tiempo prolongado. La presión que sienten al jugar en un ambiente poco familiar, lejos de la familia y los amigos por varios meses, es difícil de tolerar.

«Si tu desempeño no es genial en el campo o fuera del campo, o socialmente, se hace aún más complicado», explica el psicólogo clínico especializado en deportes, Victor Thompson.

Thompson cree que los deportistas profesionales no son más proclives a la depresión que el resto de la gente, pero reconoce que competir bajo la mirada constante de los medios es agotador y muy estresante.

Cuando se deprimen, no se trata sólo de que no pueden hacer frente a una situación exigente.

«Para estar clínicamente deprimido», explica el psicólogo, «tienen que estar presentes ciertos síntomas y éstos tienen que provocar dificultades clínicas en la manera en que llevas adelante tu vida».

En el caso de los deportistas, lo que se ve afectado es la forma de hacer el trabajo, la concentración y el desempeño, agrega Thompson.

Para el profesor de Psicología del Deporte Maynard, los jugadores que se ven abrumados por la sensación de soledad y aislamiento cuando salen de gira, deben recibir tratamiento profesional.

Terapia, fundamental

Hacer terapia es el primer paso y el más importante. Ayuda a recuperar la confianza en uno mismo y le brinda al deportista la oportunidad de hablar con alguien sobre cómo se siente.

Sin embargo, los expertos dejan en claro que no hay reglas simples y rápidas sobre cómo tratar a un deportista que sufre depresión.

En opinión de Thompson, el terapeuta debe juzgar con mucha cautela cómo ganar la confianza del paciente antes de ofrecerle su ayuda.

«Trabajar con un atleta deprimido es como trabajar con alguien que ha perdido las esperanzas y ve todo de forma negativa. Tienes que ser cuidadoso», comenta Thompson.

Por otra parte, lo que funciona con un deportista puede no funcionar con otro. Cada depresión es diferente.

En los casos en los que el deportista deprimido decide cancelar una gira y regresar a su casa, la reacción de la familia y los amigos es vital para comenzar el proceso de recuperación, añade el experto.

«Y, algo que no ayuda, es que los comentaristas deportivos hagan acotaciones displicentes», concluye Thompson.

Una de cada cinco personas sufre depresión alguna vez en su vida y los deportistas no son la excepción.

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