Una fórmula para sanar las heridas del corazón

No hay nada más penoso que ver cómo sufre una persona con heridas del corazón; sufrir un desamor, una desilusión o una traición emocional es sin duda una pena difícil de sobreponerse.

¿Qué se le puede decir? ¿Qué quiere escuchar la persona que sufre y no entiende de razones? Hay veces que las palabras se escuchan como un eco molesto, vacío y repetitivo; cuando se siente dolor por las heridas del corazón lo que más se necesita es el desahogo.

Es mejor sacar la pena, dejar fluir el dolor, canalizar los sentimientos y aceptar el malestar con compasión.

Al vivir esta experiencia, más que llorar y sufrir éste debe ser el momento para ver la realidad, aprender a cuidar el corazón y apoyarse más en la razón. Por ello, te damos esta receta para curar las heridas del corazón y te des la oportunidad de ser feliz contigo y con alguien más.

Ingredientes:

1.         Una pieza de aceptación

2.         Una rebanada de comprensión

3.         Dos pedazos de fortaleza

4.         Una ramita de objetividad

5.         Dos cucharadas de serenidad y confianza

6.         Un vaso grande de paciencia

7.         Tres gotas de prudencia y selectividad

8.         Una pizca de humor

Preparación:

El primer paso para seguir adelante con tu vida es aceptar la tristeza, porque es importante aprender a sobreponerse del dolor.

Busca acciones que te impulsen a seguir adelante, sin importar los verdaderos deseos; hay veces, que se debe de ir contra el instinto para salir adelante.

Ver la realidad objetivamente, entender la situación y tomar responsabilidad de las acciones propias diluye el dolor y fortalece el carácter. Cuando se lleva una contabilidad emocional clara, se mantiene firme el propósito y el valor de la vida, se puede tomar cada experiencia y cada vivencia como una oportunidad para explorar, crecer y aprender a ser mejor.

Recuerda que nadie puede lastimar a otra persona si ésta no lo permite. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es completamente voluntario.

Elige correctamente a quién le compartes tus penas para poder sanar. Es fácil animar o desalentar; las palabras correctas sanan y fortalecen, mientras que los juicios personales y los comentarios tóxicos, lastiman y destruyen más a la persona que sufre.

“Reta los pensamientos que te promueven el sufrimiento, acepta tu dolor y sigue tu camino. Tu vida es valiosa, no dejes que las lágrimas te quiten la energía que necesitas para vivir”. Y tú, ¿has sufrido por heridas del corazón?

 

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