Una nueva investigación, realizada en más de 350.000 personas, corrobora que el consumo de refrescos azucarados se asocia a un mayor riesgo de diabetes

El consumo de refrescos azucarados se asocia a un mayor riesgo de contraer diabetes de tipo 2, enfermedad que se vincula a la obesidad y al estilo de vida, según un informe publicado en Diabetologia.

Parece que 2013 es el año «horribilis»  para este tipo de bebidas. Hace apenas un mes, un trabajo presentado en la Conferencia de la Asociación Americana del Corazón sobre Epidemiología, Prevención/Nutrición y Actividad Física, culpabilizaba a las bebidas azucaradas como las responsables, cada año, de 180.000 muertes en todo el mundo. Los datos de este informe, obtenidos a partir del 2010 Global Burden of Diseases Study, mostraba que las bebidas azucaradas estarían relacionadas con 133.000 muertes asociadas a la diabetes, 44.000 con la enfermedad cardiovascular y 6.000 con el cáncer.

De acuerdo con el nuevo informe, liderado por la española Dora Romaguera-Bosch, cada lata de refresco azucarado incrementa el riesgo relativo de diabetes 2 en un quinto y en un 22 % cada unidad adicional. Y, para aquellas personas que consumen una lata de refresco al día, el riesgo es un 40 % mayor que para quienes consumen menos de una al mes.

El peso no importa

Esta incidencia se registra al margen del peso del individuo, lo que indica que «la relación entre el consumo de refrescos con azúcar y la diabetes va más allá de la mera vinculación a la obesidad que ya sabemos que puede influir en la diabetes 2» , declaró a Efe la investigadora.

El equipo de Romaguera-Bosch, del Imperial College de Londres, estudió la relación entre la ingestión de refrescos con azúcar y el desarrollo de la diabetes 2 a partir de datos recopilados en un estudio paneuropeo sobre el cáncer. Alrededor de 350.000 personas de nueve países fueron entrevistadas en la Investigación prospectiva europea en cáncer y nutrición, aportando datos que pudieron ser aplicados a la investigación del Imperial College.

Las conclusiones de la investigación confirman las ya alcanzadas por otras investigaciones, pero con una muestra más amplia de población. Es interesante también que el efecto de los refrescos azucarados en la diabetes de tipo 2 -los que tienen edulcorantes no tienen esa incidencia- parece producirse al margen del peso de la persona. «Por un lado, como los refrescos con azúcar aportan energía pero no sacian, la persona come más y a la larga esto puede derivar en obesidad», explica la investigadora.

«Pero hay otro mecanismo, que es que el azúcar de estas bebidas se asimila muy rápido y causa respuestas agudas de insulina, y estos golpes de azúcar pueden provocar a largo plazo una resistencia a la insulina», añade. Mientras que la diabetes de tipo 1 es una enfermedad autoinmune, la de tipo 2 se desarrolla a partir de factores de riesgo como la edad, el perfil genético, la actividad física y la dieta. «La recomendación que hacemos en el estudio es que es importante que la gente esté informada de estos efectos de los refrescos y que los consuma con moderación», afirma Romaguera-Bosch.

 

 

 

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