Ya hay carros eléctricos en Israel con baterías recambiables

Una empresa israelí diseñó un sistema de baterías recambiables con el que espera desafiar dos de los grandes obstáculos que los consumidores ven a la hora de comprar un auto eléctrico: su poco alcance de kilometraje y el prolongado tiempo de recarga.

La compañía israelí Better Place pensó en aplicar al automóvil una práctica que es habitual en otros productos de consumo, como las bombonas de gas butano: sustituir la batería gastada por una nueva.

En Israel ya existe una red de varias decenas de «estaciones de intercambio», en las que en apenas cinco minutos unos brazos robóticos reemplazan la batería vacía por una recargada.

La tecnología es aplicable únicamente al modelo Renault Fluence ZE, que no emite emisiones contaminantes y en cuya fabricación colaboran Better Place y Nissan.

Una de estas baterías llena alcanza para conducir unos 185 km.

Para muchos consumidores es una distancia demasiado corta, pero en un país pequeño como Israel puede ser suficiente, dado que hay una red de estaciones de intercambio en las rutas que lo cruzan de punta a punta.

En Europa se está probando el sistema en el aeropuerto de Schiphol (Holanda) donde desde principios de septiembre funciona una estación de recambio de baterías exclusiva para una flotilla de diez taxis eléctricos.

Y Dinamarca está apostando también por la tecnología de Better Place en la ruta Copenhage-Aarhus.

«Como un tren de lavado»

El periodista Hugh Sykes probó esta tecnología de recambio de baterías.

Las estaciones «parecen sitios de lavado de autos pero sin los cepillos ni los dispensadores de agua», describe.

«Al entrar con el auto los robots toman el relevo», continúa, y reemplazan la batería usada, que pesa 250 kg, por una recargada.

Cada modelo Fluence está equipado con una computadora de navegación que ubica los puntos de intercambio de batería y alerta al conductor cuando está próxima a agotarse.

Según informa Sykes, en Israel el servicio de intercambio de baterías se cobra mensualmente a unos US$80.

Para el usuario Eitan Fono, que acaba de estrenar su Renault Fluence ZE, la cantidad vale la pena sólo por «no ver más gasolineras».

Sin rentabilidad

Pero el sistema que plantea Better Place es extremadamente caro, apunta Sykes, «tanto las baterías como las estaciones de intercambio».

Desde que la compañía fue fundada, hace cinco años, consiguió atraer una enorme cantidad de capital inversionista privado, unos US$800 millones, explica el periodista.

Pero en los últimos 30 meses generó pérdidas de hasta US$477 millones, según uno de los principales inversores, la Corporación Israelí.

«Para hacer dinero, la compañía necesita que miles de consumidores compren el modelo Fluences. Pero sólo se han vendido algunos cientos», explica Sykes.

Sostenibilidad cuestionable

Junto a Japón, Europa es uno de los mercados donde hay más interés por los carros eléctricos, debido al elevado precio de la gasolina y las cortas distancias entre ciudades.

Si bien este tipo de carros no emite CO2, sí consume electricidad, lo cual no es necesariamente un gran avance si ésta se obtiene a partir de fuentes no renovables, como el carbón.

Esa, precisamente, es la gran objeción al sistema de Better Place que esgrimen los activistas por una tecnología realmente «verde»: que las baterías se recargan utilizando electricidad de la red pública general, apunta Sykes.

Y en Israel, a pesar de su abundante exposición al sol mediterráneo, la mayoría de la electricidad se genera en estaciones convencionales que usan energías no renovables, como el carbón o el gas natural.

El gran desafío para la sostenibilidad de la industria de los carros eléctricos está en conseguir que la demanda de electricidad se satisfaga a partir de energías renovables.

Cuanto más limpia es la electricidad, más limpio es el carro.

 

 

 

 

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