Ya se sabe qué síntoma es peor en caso de infarto: ¿dificultad para respirar o dolor de pecho?

Las personas deben buscar ayuda urgente cuando la queja principal es el dolor torácico y también cuando no lo es

En caso de infarto, cada minuto cuenta, sobre todo en aquellos pacientes que presentan dificultad para respirar en caso de un infarto. Así, según un estudio presentado hoy en ESC Acute CardioVascular Care 2022, un congreso científico de la Sociedad Europea de Cardiología, la dificultad para respirar presagia peor supervivencia que el dolor de pecho para los pacientes con infarto.

En concreto, los investigadores descubrieron que solo el 76% de los pacientes con infarto de miocardio con disnea o fatiga como síntoma principal están vivos al año en comparación con el 94% de aquellos con dolor torácico como característica predominante.

“La disnea y el cansancio extremo fueron los síntomas de ataque cardíaco más comunes en las mujeres, las personas mayores y los pacientes con otras afecciones, como presión arterial alta, diabetes, enfermedad renal y enfermedad pulmonar”, dijo el autor del estudio, el Dr. Paulo Medeiros, del Hospital de Braga, en Portugal.

“Si bien nuestro estudio no mostró que estos síntomas causaran un resultado más deficiente, eran señales de advertencia de un mayor riesgo”, añadió.

El dolor torácico es la presentación distintiva del infarto de miocardio, pero otras molestias, como dificultad para respirar, dolor en la parte superior del abdomen o en el cuello o pérdida transitoria del conocimiento (desmayos), pueden ser el motivo para acudir al servicio de urgencias. Los investigadores analizaron qué pacientes tienden a presentar quejas atípicas y si estos síntomas tienen las mismas consecuencias que el dolor torácico.

El estudio se centró en un tipo de ataque cardíaco en el que una arteria que suministra sangre al corazón se bloquea parcialmente: el infarto de miocardio sin elevación del ST. Los investigadores utilizaron datos del Registro Portugués de Síndromes Coronarios Agudos.

El estudio incluyó a 4.726 pacientes mayores de 18 años ingresados con este tipo de infarto entre octubre de 2010 y septiembre de 2019. Tenían 68 años de promedio y eran en la gran mayoría hombres (71%).

Dividieron a los pacientes en tres grupos según su síntoma principal. Así, el dolor torácico fue el síntoma más frecuente (4.313 pacientes; 91%), seguido de disnea/fatiga (332 pacientes; 7%) y síncope (81 pacientes; 2%).

Los pacientes con disnea/fatiga eran significativamente mayores que los de los otros dos grupos, con una edad promedio de 75 años en comparación con 68 años en el grupo de dolor torácico y 74 años en el grupo de síncope.

Los que presentaban disnea/fatiga también eran más frecuentemente mujeres (42%) en comparación con los pacientes con dolor torácico como síntoma principal (29% mujeres) o síncope (37% mujeres).

En comparación con los otros dos grupos, los pacientes con disnea/fatiga como síntoma principal tenían más probabilidades de tener presión arterial alta, diabetes, enfermedad renal crónica y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Los investigadores compararon las tasas de supervivencia entre los tres grupos al año de sufrir el infarto y comprobaron que el 76% de los pacientes del grupo de disnea/fatiga estaban vivos en comparación con el 94% del grupo de dolor torácico y el 92% del grupo de síncope. Durante el año posterior al infarto, el 76% de los pacientes del grupo de disnea/fatiga evitó ser hospitalizado por un motivo cardiovascular frente al 85% del grupo de dolor torácico y el 83% del grupo de síncope.

“Los pacientes que presentaban dificultad para respirar o fatiga tenían un peor pronóstico que aquellos con dolor en el pecho. Tenían menos probabilidades de estar vivos un año después de su ataque cardíaco y también menos probabilidades de permanecer fuera del hospital por problemas cardíacos durante ese período de 12 meses”, afirmó el Dr. Medeiros.

Luego, los investigadores realizaron un análisis multivariado para evaluar si el dolor torácico, la disnea/fatiga o el síncope eran predictores independientes de supervivencia al año. El análisis se ajustó por edad, EPOC, fibrilación auricular, fracción de eyección del ventrículo izquierdo, hemorragia mayor y taquicardia ventricular. Ninguno de los síntomas surgió como predictor independiente.

Tal y como explicó el Dr. Medeiros, “la dificultad para respirar fue más común entre los pacientes que fallecieron durante el año posterior al ataque al corazón. Sin embargo, al considerar todas las variables estudiadas, el tipo de síntoma de presentación no fue un predictor independiente de mortalidad, por lo que no podemos afirmar específicamente que la falta de aire fue la razón del peor resultado. Una supervivencia más pobre puede deberse a otros factores en esos pacientes, como una función reducida de la bomba cardíaca”.

“Este estudio destaca la necesidad de considerar un diagnóstico de infarto de miocardio incluso cuando la queja principal no es el dolor torácico. Esto puede ser particularmente importante para las mujeres y los pacientes mayores, en los que el diagnóstico podría retrasarse y dar lugar a peores resultados. Además del síntoma clásico de un ataque al corazón de dolor en el pecho, presión o pesadez que se irradia a uno o ambos brazos, el cuello o la mandíbula, las personas deben buscar ayuda médica urgente si experimentan dificultad para respirar prolongada”, concluye.