El denominado “argumento del apocalipsis” lleva años dividiendo a científicos y filósofos al plantear una pregunta tan inquietante como difícil de responder: cuánto tiempo seguirá existiendo el ser humano.
La posibilidad de calcular cuánto tiempo le queda a la humanidad ha fascinado durante décadas a científicos y filósofos. Una antigua teoría estadística conocida como “argumento del apocalipsis” sostiene que nuestra especie podría extinguirse dentro de unos 17.100 años.
Según esta hipótesis, el número de seres humanos que han vivido hasta ahora podría ofrecer pistas sobre cuánto tiempo seguirá existiendo la especie. Aunque algunos de sus defensores le atribuyen una elevada fiabilidad estadística, la teoría continúa siendo objeto de debate dentro de la comunidad científica.
Una teoría basada en probabilidades
El razonamiento parte de una idea desarrollada en la década de 1980 por el astrofísico Brandon Carter y posteriormente desarrollada por investigadores como el filósofo John Leslie o el astrofísico J. Richard Gott. Los científicos estiman que alrededor de 117.000 millones de personas han nacido desde la aparición del ser humano.
A partir de esa cifra, el denominado “argumento del apocalipsis” plantea que cualquier individuo tendría las mismas probabilidades de haber nacido al principio, en la mitad o cerca del final de la historia de la humanidad.
Para explicar esta idea, algunos divulgadores recurren a una comparación sencilla. Si una persona sacara al azar el número 14 de una urna con 100 papeletas o de otra con mil millones, lo más probable sería que procediera de la urna más pequeña.
Los defensores de esta teoría aplican un razonamiento similar a la humanidad: si los aproximadamente 117.000 millones de personas que han vivido hasta ahora representan una posición relativamente avanzada dentro de la historia de la especie, el número total de seres humanos que llegarán a existir sería más limitado de lo que cabría esperar en un escenario de millones de años.
Utilizando ese supuesto, algunos investigadores han calculado que el número total de seres humanos que llegarían a existir podría rondar los 2,34 billones. Con estos datos, la teoría sitúa el posible final de la humanidad dentro de unos 17.100 años si se mantuviera el ritmo actual de nacimientos.
Sus defensores sostienen que no se trata de una predicción sobre una catástrofe concreta ni de una fecha exacta para el colapso de la civilización, sino de una estimación matemática basada en probabilidades.
Una hipótesis muy discutida
Pese a la atención que sigue despertando, esta teoría nunca ha logrado un consenso dentro de la comunidad científica. Muchos investigadores cuestionan tanto sus premisas como la capacidad de un modelo estadístico para anticipar el futuro de una especie tan compleja como la humana.
Los críticos cuestionan las bases del cálculo y recuerdan que factores como la evolución demográfica, los avances tecnológicos, la exploración espacial o incluso futuras formas de vida inteligente podrían alterar por completo cualquier estimación sobre el futuro de la humanidad.
Otros expertos sostienen que la posición de una persona en la secuencia de nacimientos no tiene ninguna relación directa con los riesgos reales que podrían amenazar a la especie, como conflictos, pandemias, fenómenos naturales o cambios tecnológicos imprevisibles.
Sin pruebas de un fin cercano
A pesar del tono alarmista con el que esta teoría suele reaparecer periódicamente, la información disponible no permite interpretarla como una cuenta atrás real hacia el fin de la humanidad.
Incluso dentro de los supuestos del propio modelo, el escenario planteado se situaría miles de años en el futuro y no identifica ninguna causa concreta que provocaría la desaparición de la especie. De hecho, incluso los defensores de esta hipótesis reconocen que el supuesto final de la humanidad no sería inminente.
Lo que sí parece claro es que esta teoría está lejos de ofrecer una respuesta definitiva. Más que una predicción sobre el fin de la humanidad se trata de un ejercicio matemático que sigue generando debate entre científicos y filósofos décadas después de su formulación.



