Debido a la ubicación de la placa, este tipo de terremotos tienen una alerta de posible tsunami también.
Durante años, cuando pensamos en terremotos solemos mirar hacia Japón, Chile o México. Son países acostumbrados a convivir con algunos de los movimientos sísmicos más violentos del planeta. Por eso sorprendió que Venezuela fuera noticia tras registrar dos terremotos consecutivos de magnitud superior a 6.
La sorpresa, sin embargo, tiene más que ver con nuestra percepción que con la geología. Bajo el norte de Venezuela se encuentra uno de los límites tectónicos más complejos de América. Allí chocan lentamente la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, dos gigantescos bloques de roca que se desplazan apenas unos centímetros al año, aproximadamente a la misma velocidad a la que crecen nuestras uñas. Esa velocidad parece insignificante, pero durante décadas o siglos acumula enormes cantidades de energía. Cuando la tensión supera la resistencia de las rocas, el terreno se rompe de forma repentina y libera esa energía en forma de ondas sísmicas: un terremoto.
A diferencia de lo que ocurre en Japón, Chile o Perú, donde una placa oceánica se hunde bajo otra en un proceso denominado subducción, gran parte de la actividad sísmica venezolana está asociada a grandes fallas de deslizamiento lateral. En ellas, los bloques de corteza no se hunden ni se elevan de forma significativa, sino que se desplazan horizontalmente unos respecto a otros. La más conocida es la falla de El Pilar, una estructura geológica que atraviesa el noreste del país y que los sismólogos consideran una de las más activas del Caribe. También destacan las fallas de Boconó y San Sebastián, responsables de numerosos terremotos históricos.
De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Venezuela ha sufrido terremotos devastadores durante los últimos cuatro siglos. “Según los registros del catálogo sísmico nacional, se han producido alrededor de 180 sismos que han causado algún tipo de daño al país. El terremoto más catastrófico ocurrió el 26 de marzo de 1812 en la falla de Bocono y causó una destrucción generalizada en las ciudades de Mérida y Caracas, cobrándose aproximadamente 30.000 vidas”.
Aunque Venezuela no genera terremotos gigantescos de magnitud 9 como los registrados en Chile o Japón, eso no significa que esté libre de riesgo. De hecho, algunos de los terremotos más devastadores de América ocurrieron allí. El más famoso fue el terremoto de Caracas de 1812, que destruyó gran parte de la ciudad y causó miles de víctimas. El USGS habla de 30.000
Los recientes sismos también han puesto de manifiesto otra característica de la región: su proximidad al mar Caribe. Cuando un terremoto ocurre bajo el océano, los científicos deben evaluar inmediatamente la posibilidad de un tsunami. En esta ocasión se emitieron alertas preventivas para algunas zonas costeras del Caribe y Puerto Rico, aunque posteriormente el riesgo fue descartado.
Lo que hace especialmente interesante este episodio es que demuestra cómo la actividad sísmica mundial no se limita al célebre Anillo de Fuego del Pacífico. Existen otros límites tectónicos capaces de generar terremotos importantes, aunque aparezcan con menos frecuencia en los titulares internacionales.
En realidad, Venezuela se encuentra en una suerte de frontera geológica permanente. La Placa del Caribe continúa empujando hacia el este mientras Sudamérica resiste ese movimiento. Cada año la tensión aumenta un poco más. Y aunque la mayor parte del tiempo ese conflicto permanece oculto bajo nuestros pies, de vez en cuando la Tierra recuerda que sigue allí.



