¿El resultado? Fue capaz de predecir con precisión las respuestas a una encuesta antes que los usuarios la completaran.
Cuando OpenAI entrenó ChatGPT no le pidió que aprendiera psicología. Nadie le enseñó qué es la extroversión, cómo se manifiesta la ansiedad o qué rasgos suelen compartir las personas más impulsivas. Su única tarea consistía en algo mucho más simple: leer cantidades ingentes de texto y aprender a predecir cuál sería la siguiente palabra.
Sin embargo, un nuevo estudio que se publica en la revista iScience sugiere que, durante ese proceso, el modelo aprendió algo inesperado. Sin haber recibido formación específica en psicología, ChatGPT parece haber construido una representación sorprendentemente precisa de la personalidad humana simplemente a partir del lenguaje que escribimos cada día.
“Dado que los rasgos de personalidad se reflejan en el lenguaje, los grandes modelos de lenguaje podrían haber aprendido la estructura de la personalidad humana como un subproducto natural de su entrenamiento —explica Rotem Monsa, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y líder del estudio—. No se le enseñó psicología de forma explícita, pero esa información ya está codificada en el lenguaje que aprenden”.
Cada conversación, cada comentario en redes sociales, cada novela y cada artículo contienen mucho más que información. También reflejan la manera en que pensamos, sentimos y nos relacionamos con los demás. Una persona desconfiada no suele expresarse igual que otra optimista. Quien es muy meticuloso utiliza un lenguaje distinto al de alguien impulsivo. A escala individual, esas diferencias pueden pasar desapercibidas, pero cuando un modelo ha leído billones de palabras, empieza a emerger un patrón. La hipótesis del equipo de Monsa era precisamente esa: si la personalidad deja huellas en el lenguaje, un modelo entrenado con enormes cantidades de texto podría aprender esas regularidades sin necesidad de estudiar psicología.
Para comprobarlo, los científicos no pidieron a ChatGPT que respondiera un test psicológico; hicieron algo mucho más interesante. Le entregaron dos libros completamente distintos y le pidieron que construyera, a partir de ellos, un cuestionario de personalidad. El primero era el DSM-5, el manual utilizado por psiquiatras y psicólogos para diagnosticar trastornos mentales y una de las referencias clínicas más importantes del mundo. El segundo era, deliberadamente, un libro de astrología.
“Queríamos utilizar dos textos que describieran la personalidad humana con mucho detalle, pero situados en extremos opuestos desde el punto de vista científico —añade Monsa—. El DSM-5 es fruto de décadas de investigación clínica. El libro de astrología forma parte de una tradición cultural, pero carece de validación científica”.
A partir de ambos textos, GPT-4 generó preguntas similares a las que aparecen en los cuestionarios de personalidad. Por ejemplo, tras leer la descripción del trastorno paranoide del DSM-5 elaboró afirmaciones como “suelo sospechar de las intenciones de los demás” o “me resulta fácil confiar en otras personas”, preguntas que luego debían valorar 600 voluntarios.
El equipo de Monsa comparó los resultados con el conocido cuestionario de los Cinco Grandes Rasgos de Personalidad (Big Five), considerado uno de los instrumentos más sólidos de la psicología moderna. El cuestionario basado en el DSM mostró una elevada coherencia interna y reprodujo patrones psicológicos muy similares a los observados con el Big Five. Hasta ahí, nada especialmente sorprendente; lo extraño llegó con el segundo cuestionario.
El cuestionario construido a partir del libro de astrología también fue capaz de predecir variables como ansiedad, depresión o bienestar; los propios autores comprobaron que los grupos de personalidad asociados a los signos del zodiaco no formaban dimensiones psicológicas coherentes. En otras palabras, el estudio no valida la astrología; lo que demuestra es algo mucho más interesante.
Incluso un texto sin base científica contiene abundantes descripciones de rasgos humanos. ChatGPT fue capaz de extraer esas descripciones y convertirlas en un cuestionario útil, pero no porque los signos del zodiaco describan realmente la personalidad, sino porque el lenguaje utilizado para hablar de ellos está lleno de características psicológicas reconocibles. ¿Significa eso que la astrología funciona? No.
“El hecho de que los modelos puedan predecir patrones de respuesta antes de ver ningún dato humano sugiere que han aprendido algo realmente significativo sobre la psicología humana —apunta finalmente Monsa—. Suponemos que, en otros idiomas y culturas, los resultados no serán tan contundentes como los que observamos aquí, ya que los LLM se entrenaron principalmente con textos en inglés de culturas occidentales”.
Los autores creen que esta capacidad podría acelerar enormemente el desarrollo de nuevos cuestionarios psicológicos. En lugar de redactar manualmente cientos de preguntas y validarlas durante años, un modelo de lenguaje podría generar rápidamente diferentes versiones y ofrecer una primera estimación de su consistencia antes incluso de administrarlas a personas. Eso no significa que vaya a sustituir a psicólogos o psiquiatras. Tampoco implica que ChatGPT comprenda la mente humana como lo hace un profesional. Lo que parece haber aprendido es otra cosa: las regularidades estadísticas que dejan millones de personas cuando hablan, escriben y cuentan quiénes son.



